Nerea en esta ocasión a su esclavo lo viste de chica,
el esclavo no puede disimular que calza un buen paquete, ¡menuda picha!
Dan un paseo y entran en un sex-shop a las afueras de Madrid,
un mozalbete las observa con deseo, y a Nerea se le ocurre un ardid.
Cuando el fulano entra en una cabina de las muchas que hay,
Nerea y su “amiga” se introducen en la contigua. Le pone ir de guay.
En un tabique de madera hay una rejilla con cerrojo,
la abre y al instante asoma un pollón con capullo muy rojo.
La dómina le suelta un salivazo y con la mano lo va abrillantando,
el siervo se postra de rodillas a su lado y aprende, observando.
Nerea le pega buenos chupetones al gordo capullo,
succiona, bufa y gime montando un morboso barullo.
Cuando ya la tiene en su punto, bien barnizada,
se aparta e invita a su esclavo, a que continuara.
El mozalbete berrea un “¡Menuda puta! ¡Cómo me la exprime!”,
Nerea le informa: “Es mi esclavo. Un alumno sublime”.
“¿Me la está comiendo un maricón?”,
“¡Joder, qué vicio tenéis algunos!”, exclama el mocetón.
Nerea le explica que el chico tiene espinillas,
y que el esperma se lo esparce por frente y mejillas.
La Ama apartó al esclavo para volver a la carga,
saborear y tragar gruesos rabos nunca le amarga.
El mancebo avisa de que ya se corre,
Nerea se aparta y acerca al esclavo pa’ que la adore.
La chica dirige los chorros por el rostro del sometido,
después se los restriega para que las espinillas se impregnen del fluido.
“Sois dos buenas putas. Me dejasteis los huevos vacíos”, dice el mocetón,
Nerea y su esclavo se despiden dándole a su rosado glande un buen lametón.
Como guinda, la chica quiere que su esclavo le practique una inseminación artificial,
aplastar su rostro en la almeja y meterle bien adentro la lengua es fundamental.
Con suerte, al útero podrían llegar, del mozalbete, algunos restos de su semilla,
Nerea desea quedar preñada de aquel hombretón, ¡la muy guarrilla!