La prima Sofía: Mi territorio
La mantuve ahí unos segundos más, escuchando cómo su respiración se rompía y sus gemidos se volvían más desesperados. Cuando sentí que estaba a punto de estallar, bajé un poco la voz: —Ahora. Córrete. Pero no dejes de hablar. Quiero oír cómo te vienes sabiendo que yo lo decidí. Sofía no aguantó. Soltó un gemido largo, ah...