El momento deseado
El sudor resbalaba por nuestras sienes y se mezclaba en el hueco de su cuello. Besé esa piel salada mientras aceleraba apenas el vaivén, buscando ese punto exacto que la hacía temblar. Sus gemidos se volvieron más urgentes, más rotos, y yo respondí con los míos, ahogados contra su boca. Nos fundimos otra vez en un beso húmedo y de...