Mi hija (6)
Me arrodillé y agarrando sus duros pechos acerqué su boca a mis labios. La besé y morreé con pasión, con tanta lujuria que me tragué buena parte de mi propio semen. No me resultó nada desagradable, más bien todo lo contrario. Estaba ligeramente salado, con una mezcla de sabores extraños, en una amalgama de tonos, que no atino a d...