Sara, cumpliendo fantasías y anhelos (1)

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T. Lectura: 12 min.

Este relato es fruto de la imaginación y de las conversaciones mantenidas con una lectora a lo largo de tres meses en los que hemos dado rienda a nuestras fantasías y anhelos. Liberándonos sexualmente a pesar de la edad y condicionantes que nos rodean. Algunas situaciones y diálogos son sacados de esas “conversaciones”.

Pongo en situación a los lectores:

Mi nombre es Miguel, 60 años, vivo en la periferia de Madrid, casado, 1.78m, 90 kg, ojos azules y con el cartón aflorando desde hace años. prejubilado, de aspecto normal. Ella es Sara, vive en Barcelona, muy bien posicionada socialmente, casada, trabaja en RR.HH. de una multinacional, 1,55 m, 60 kg, morena (pigmea según ella), ojos marrones, bien parecida, melena sobre los hombros, por debajo de los cincuenta, cuerpo de envidia. firme, bien mantenido con las curvas de la vida y experiencia, un pecho 95 y un culo torneado por el Spinning para forrar pelotas.

Habíamos estado hablando por mail durante más de meses, a mí me gusta la dominación en el sexo, aunque siempre he fantaseado con ella nunca la había podido llevar a cabo por influencias de mi entorno familiar y social, tenía una vida sexual “aceptable” excesivamente tradicional, falta de chispa, algo similar le ocurría a Sara, sus fantasías se centraban más en sentirse sucia, humillada, usada y vejada como una puta, por “un viejo”.

Al inicio de nuestras conversaciones me confesó que en sus fantasías se sentía atraída por situaciones con hombres de aspecto desagradable, ya que acentuaban su sensación de sentirse sucia, dándole mucha más importancia a sentirse sucia, vejada y humillada que al plano sexual. Según sus palabras textuales (No quiero un “atleta” sexual. En el sexo, los hombres tendéis a pensar que todo consiste en “meterla”. Puedes conseguir que me excite muchísimo con mi fantasía con palabras, gestos, expresiones, situaciones, etc. Y con sexo, también. Por supuesto).

Su entorno de clase privilegiada (casada con un alto dirigente de una aseguradora internacional) pesaba mucho en su decisión y no se atrevía a llevarla a cabo, entre otras cosas por miedo a perder su estatus y vida acomodada, resignándose a una rutina sexual, escasa y sin ningún aliciente.

Ambos nos conformábamos con una vida sosa y monótona, animada por nuestras conversaciones intermitentes donde dar rienda suelta a nuestras fantasías, sin ningún tipo de tabúes, habíamos compartido numerosas situaciones imaginarias, y anhelos que hacían conocer los deseos más profundos del otro mejor que nuestras respectivas parejas, teniendo ambos claro que el salvaguardar nuestro entorno, privacidad y a las personas que nos rodeaban, era prioritario e innegociable. Vivir en ciudades distintas, aunque muy bien comunicadas nos permitía planificar posibles encuentros sin que esta distancia supusiera un problema.

Aunque mi perfil no encajaba en su patrón inicial, la diferencia de edad no era tan amplia como se había imaginado, ni tampoco mi aspecto, el de alguien totalmente normal que pasaría desapercibido al cruzarse contigo en la calle. En cuanto a mis exigencias no eran especiales, sin importar la edad, ni especialmente el físico, belleza, altura u aspecto. Enfocado más en conocer los deseos de quien añoraba el sentirse de esa manera. Fuimos forjando la complicidad y confianza necesarias.

Finalmente, Sara, consciente de la fuerza que tenían en ella sus anhelos y fantasías decidió avanzar en nuestras conversaciones y hacerlas realidad. Debíamos planificar detalladamente el encuentro. Quedamos en Zaragoza, ciudad intermedia, ella se desplazaría en coche pues decía que le daba más libertad de movimiento, en mi caso me desplazaría en tren.

Habíamos acordado por su seguridad que fuera ella quien hiciera la reserva del hotel para este primer encuentro, pudiendo elegir el sitio y fecha. así como algunos puntos innegociables antes: Palabra de seguridad, penetración siempre con condón, nada de golpes, marcas, ni cualquier otra acción que pudiera suponer una intromisión en la vida del otro.

El día en cuestión me levanté a las 6 y me dirigí hasta Madrid, a primera hora tomé el tren que me llevaría hasta la cita, llegué sobre las 10 habíamos quedado a las 10:30 en la estación, lo que me dio tiempo a buscar un bar en el que pudiéramos hablar primero y dar rienda suelta a nuestras fantasías, le envié un mail con los datos y ubicación. Por su parte Sara había reservado un hotel, quería ir antes, y prepararse para asumir plenamente su papel, poniéndose como ella denominaba… ”su uniforme de puta” y venir a recogerme, forzar un “encuentro casual”. En su fantasía quería sentirse una verdadera puta, zorrear un poco antes con un desconocido. Todo un servicio completo puerta a puerta.

A la hora acordada, entró en el bar, se le notaba algo nerviosa y a la vez, decidida a dar el paso, con la incertidumbre de lo que se iba a encontrar.

Llevaba unos leggins simulando vaqueros como segunda piel, superajustados lo que marcaba su imponente culo y dejaba intuir unas mini bragas debajo, siendo imposible no fijar la mirada en su final de espalda en un primer reconocimiento, una blusa blanca con los dos primeros botones abiertos dejando muy poco a la imaginación sobre el tamaño de sus tetas, un pañuelo al cuello, una cazadora por encima de sus hombros y unos tacones que la elevaban al menos 6 cm, sus labios pintados de un rojo intenso.

Tenía toda la pinta de un putón llamando a ser follada. Nos habíamos enviado fotos, algún vídeo e incluso últimamente al chatear ella había conectado la cámara del portátil (mi Pc de sobremesa no tenía), no habíamos pasado de tener “charlas” sobre nuestras fantasías y como poder hacerlas realidad.

Se dirigió a la barra para pedir un café, a la vez que recorría con la mirada el local, para localizarme, mientras lo hacía me acerque a ella.

M: ¿Te encuentras bien?, me ha parecido que te torciste el pie antes de entrar.

S: Si gracias, ha sido un traspiés, por las prisas y los tacones

M: Hay que tener cuidado con los traspiés, nunca se sabe dónde puede acabar uno. Y las prisas depende para qué no siempre son buenas.

Sara entró de lleno en su papel, el juego había comenzado, habiéndome reconocido, me dirigió una sonrisa socarrona y decidió tomar la iniciativa de la conversación.

S: Donde… ni con quien, se puede acabar, total por un simple traspiés y aquí estoy hablando con un desconocido sin saber quién es, ni a donde pretende llegar.

M: Hola, soy Miguel, de momento pretendo llegar hasta mi mesa, si quieres me puedes acompañar con el café y así descansas. -le dije dándole dos besos de rigor, mientras rodeaba su cuerpo atrayéndola suave pero firmemente hacia mi.

S: Perfecto, gracias. Yo soy Sar… Saaandra

Me produjo una sonrisa por su intento de cambiar el nombre delante de la camarera. Le apoye la mano en la espalda dirigiéndola hacia la mesa dejando la mano a una altura intermedia entre la espalda y ese imponente culo, al llegar a la mesa ya estaba mucho más cerca del culo que de la espalda. La camarera, una joven de veintipocos, nos miraba con cierta incredulidad y algo de desprecio, por la situación.

Colocados en la mesa, y bajando ambos el tono de voz, iniciamos nuestra particular conversación, soltó el aire de golpe

S: Uff…, el ir con mi ansiado uniforme y cuando has ido bajando tu mano por la espalda, me ha puesto en situación, disfrutar mi fantasía. Estoy algo nerviosa por como irá esto. En mis fantasías había siempre alguien de aspecto muy desagradable, aunque no es tu caso algo me dice que no me arrepentiré.

M: Gracias por la parte que me toca. En cuanto a cómo irá, ya lo hemos hablado antes, nos tomamos el café para conocernos un poco más y pasamos a realizar nuestras fantasías, sin prisas.

Sara dio un pequeño sorbo a su café, asintiendo.

Estuvimos unos minutos intercambiando, sensaciones de nuestras charlas, dudas, poniéndonos al día de otros temas que habíamos tocado de pasada en nuestras largas conversaciones, repasamos también los límites y palabra de seguridad en una conversación muy distendida que nos llevó a un segundo café. En ocasiones me acercaba a decirle algo al oído siendo ella quien se giraba para favorecer el roce y la visión descaradamente de sus pechos. Todo este tiempo había estado mirando sus tetas y su boca, sin disimular, quería que se sintiera totalmente escaneada de una manera directa, como una autentica zorra. Ambos nos estábamos relajando, tomando confianza.

M: Dado que estas tan metida en tu papel, quiero ver el producto.

S: Por supuesto, espero que te guste lo que ves.

Se levantó y colocó uno de sus pies sobre la silla, pareciendo que examinaba su pie tras el fingido traspié, mirándome de frente y de espaldas al resto del local, mientras sus tetas se habrían paso entre los botones la camisa y ella sin dejar de mirarme mordía su labio inferior.

M: Veo que has ensayado muy bien tu papel.

S: Es mucho tiempo deseando sentir esto, y lo estoy disfrutando. ¿Qué te parece? ¿Te gusta?

M: Mucho, vas a tener un gran futuro en esta profesión. Sólo hay que ver como tienes pendiente de ese culo a los parroquianos. Ja, ja,

S: Esa era la intención, me pone mucho

M: Pues lo estás logrando, ahora vas a ir al baño y me vas a traer tus bragas. querías zorrear, pues comienza ahora, me apetece disfrutar de la vista tanto a la ida como a la vuelta.

S: Empiezas fuerte, apenas llevamos media hora y ya me estas chuleando.

M: Vamos, no me gusta repetir las cosas, estas disfrutando de la situación y poner trabas no evitará que muestres tu parte más zorra, lo estás deseando. No vamos a estar aquí toda la mañana. ¡Empieza!

Sara se giró despacio y cruzó todo el local hasta los baños recreando su mirada en las pocas personas que quedaban en el bar y contoneando ese culo, al cabo de unos minutos, apareció con una sonrisa contenida y un puño cerrado con sus diminutas bragas, dejando patente la marca de los leggins en su coño, que no llevaba nada debajo, sin apartar su mirada de mí, cruzo de nuevo el bar, sentándose esta vez a mi lado, para entregármelas.

M: Bien, veo que no te ha costado nada el seguir mis instrucciones e incluso te excita que te observen, a juzgar por como están. Ponte la cazadora sobre las piernas y ábrelas, quiero ver cómo estás.

Se giró rápidamente hacia mí, con una mirada confusa, indicando. ¿Aquí?

M: Ahora esta es tu profesión, no hay vergüenza y este es un entorno controlado como pedias. Voy a tantearte un poco.

Cogió su cazadora y la colocó sobre sus piernas a la par que las entreabría, poniendo mi mano en su muslo, la fui deslizando hacia el interior de los mismos, notando su calor, las abrió un poco más, mientras cerraba momentáneamente los ojos. Me acerque a ella, impregnándome de su olor y le susurre al oído.

M: Te gustaría que esto empezara ahora, ¿verdad?

Abrió de despacio los ojos. Con una voz muy sensual me miró y dijo:

S: El hotel está a 10 minutos.

M: Ok, nos vamos. ¿Llevas tu material de trabajo?

S: ¿Material de trabajo?

M: Condones, lo habíamos pactado, es como el papel o los bolígrafos en una oficina ja,ja,

S: No, siempre los han comprado ellos.

M: Bien, pasamos por una farmacia y aprovechas para mostrarte como lo que eres, ahora. Disfruta de tu papel.

Salimos del bar, con mi mano rodeándola de la cintura. La camarera salió disparada hacía la cocina a comentar la situación que había observado. En la misma Estación de tren había una farmacia, una vez dentro, nos dirigimos directamente hacia la zona de los condones.

M: Quiero ver cómo le dejas claro que son para trabajar.

Sara, me mantuvo un segundo la mirada, los tomó muy decidida, encaminándose hacía la caja, totalmente metida en su papel, me quedé unos pasos atrás, cuando puso los condones sobre el mostrador, se dirigió al farmacéutico y con una ligera sonrisa de resignación, dijo

S: Me he vuelto a quedar sin ellos; cada vez me duran menos.

El farmacéutico la miro de arriba abajo, con cara de repulsa, los miro y la miro de nuevo a ella, cuando fue a pagar le puse el bote de gel lubricante de fresa en el mostrador que había cogido tras su marcha.

M: Esto también, luego me lo agradecerás.

Sara se giró, dedicándome una sonrisa de complicidad. El farmacéutico hizo una mueca de asombro y resignación contenido.

Salimos de la farmacia y nos dirigimos hacia su coche, situado en el parking. Mi mano estaba directamente en su culo. Su cara triunfante lo decía todo.

M: Si tienes que hacer alguna llamada, hazla ahora y pon en modo avión o apaga el móvil. No quiero interrupciones.

S: No, ya está todo arreglado.

Al entrar al coche, apoyo sus manos en el volante y totalmente emocionada.

S: ¡Que pasada!… ¡ha sido alucinante!, casi me corro, he sentido como los del bar querían follarme, tratarme como una puta y al farmacéutico creo que le ha quedado muy claro. Hoy soy una puta, por fin.

Dirigí mi mano a sus muslos, la miré fijamente a la cara y a sus labios, mientras apretaba mi mano en sus muslos, subiéndola hacia su coño. Empezamos a besarnos de manera incontrolada unos minutos.

M: Vamos zorra, a cumplir fantasías.

Una vez puesta la dirección en el navegador, arrancó, sin decir nada, yo continuaba con mi mano en su muslo, rozando su coño, Sara abría más las piernas para dejar que lo fuera frotando. En el primer semáforo se volvió con una cara rebosante de satisfacción.

S: Darling… hizo una pausa, Cuando se cierre la puerta vas a disfrutar de la más puta, “hacerme lo que quieras por donde quieras”. Ya sabes.

Llegamos rápidamente al hotel. Había cogido parking (previsora Sara) lo cual nos daba acceso directo a la planta sin pasar por Recepción y evitar miradas indiscretas.

Antes de bajar del coche, en el parking, prácticamente vacío a esas horas, nos dimos un buen repaso de lenguas mientras seguía frotando su coño, diciéndole lo puta y zorra que era, las cerdadas que quería que me hiciera y las que le haría yo a ella.

Sara se dejaba llevar apuntando alguna idea más de las que habíamos hablado y que me sorprendieron por el nivel al que estaba dispuesta a ser vejada y humillada, toda una cerda, metí dos dedos en su boca para que los lamiera, lo hizo con una cara de vicio que solo una puta pondría, subió un poco el culo para bajarse los leggins y dejar espacio disponible a mi mano, la cual entró en ellos, llegando a lo que ahora era un volcán, totalmente depilado, introduje dos dedos y empecé a follarla con ellos, ella me miraba, con los ojos como platos, agarrando mi muñeca para marcarme el ritmo.

S: Soy una puta, me gusta, soy tu puta, quiero que me folles, totalmente dispuesta a todo… umm.

Paré antes de que se corriera.

M: vamos puta, tienes que empezar a trabajar. Cierra el coche y dame las llaves.

Nos dirigimos al ascensor con mi mano en su culo, comiéndonos las bocas, al entrar en él, pasó la tarjeta y pulsó la 7ª planta, mientras sobaba aquellas tremendas tetas por encima de la blusa y mi mano seguía palpando su coño por encima del humedecido pantalón, hasta llegar a la planta.

S: Es a mitad del pasillo, la 742

Un poco más allá se veía un carro de la limpieza, estaban haciendo las habitaciones.

Mi mano estaba disfrutando de ese imponente culo, al llegar casi a la altura de la habitación dejé caer las llaves de su coche, Sara me miró con picardía pues sabía que ahora debía cogerlas sin doblar las rodillas y exponiendo completamente el culo, al inclinarse le di un enorme azote en el culo que se oyó en todo el pasillo, lejos de reaccionar salvo un ligero umm, siguió en la misma posición, hasta recibir un segundo sonoro azote, en el momento en que se incorporaba con una sonrisa maliciosa asomaba de tres habitaciones más allá, la señora de la limpieza alertada por los sonidos.

Sara me había confesado que le gustaban los azotes y que le hablaran de manera soez, insultándola, mientras follaba, aunque ninguna de las dos cosas, además de otras, se las permitía a su marido.

Abrió la puerta dejándome pasar primero. Al cerrar la puerta

S: “Toda tuya” dijo de manera triunfante, la maleta entreabierta al lado de la cama y unos cuantos pinceles de maquillaje, pintalabios en el baño, indicaba que se había preparado a conciencia.

M: Zorra, he esperado demasiado para que te sintieras segura y te atrevieras a dar el paso. Vamos a ver si ha merecido la pena. Quítate los pantalones, el sujetador y levanta los brazos, vamos a disfrutar de esas ubres que tienes.

S: No son ubres, son unas pedazo tetas, unas 95, 95C remarcó.

M: ¡Ubres! Ya sabes teta que la mano no cubre, no es teta es…

Agarre fuertemente una de ellas sacándola del sujetador, y le di un chupetón, jugando con mi lengua en el pezón.

Sara inclinó la cabeza hacia atrás y apoyo su mano en mi cabeza para afianzar su abandono al placer, cuando me retiré, sin apartar sus ojos de los míos, desafiante, se quitó los leggins arrojándolos sobre la cama y se deshizo del sujetador en una rápida maniobra que siempre me ha alucinado de las mujeres. Dejando la camisa a falta del último botón.

Me acerqué a ella, abriéndole ese último botón, haciéndola girar sobre sí, levantando sus brazos y dejando su culo a merced de mi mano, tomé su pañuelo vendándole los ojos, luego le di un fuerte azote, ella intentó girarse bajando los brazos.

M: Zorra ni se te ocurra moverte.

La volví a girar y esta vez mis manos agarraron esas tetas de 95 y empezaron a masajearlas desde atrás, a la par que besaba su cuello, ella intentaba buscar mi boca, mis manos agarraban sus pezones y tiraban ligeramente de ellos, Sara a veces se quejaba por el dolor otras veces expresaba que le gustaba. Estuve jugando con ellos unos minutos, para volver a su coño. Ella echaba el cuerpo sobre mi buscando el contacto. Estaba excitada, ambos estábamos excitados.

S: Deja que esta puta te coma la polla, como nunca te la han comido antes.

Se dejó caer y se giró para quedar frente a mi pantalón, se deshizo del pañuelo, rápidamente bajo los pantalones y tirando de los calzoncillos, cogió mi polla y tras un largo lametazo, se la metió en la boca. Sin dejar de mirarme.

M: Puta, seguro que es la primera vez que se la comes a un viejo, no es como la de tus exnovios de los que me hablabas, y eso te hace más puta si cabe, ahora te dedicas a comérsela a viejos, te lo vas a tener que currar mucho, quiero que la mantengas con esa boca empalmada.

S: Sin problemas, me gusta comer rabos.

Ella no paraba de chupar, bajo una mano a su coño para seguir excitándose, pasados unos minutos.

M: ¿Eso es lo que estás buscando, perra?, ponte en la cama, voy a comerte el coño mientras me dices lo puta que eres y cómo estás de caliente, guarra.

La agarré del pelo, la subí besándola, a continuación, le escupí en la cara y la lancé sobre la cama, su mirada desafiante, invitaba a follarse aquella boca que ahora relamía mi saliva.

Con las piernas abiertas, empecé a comerle el coño más que húmedo, de manera frenética, diciéndole lo puta que era y como le ponía que un viejo le comiera ese coño que ahora nadie le comía, porque era una pija de bien y esto era de putas.

Ella asentía, cuando empezó a masajearse las tetas y a decir,

S: Si, Si soy la sucia puta de un viejo que me come el coño y me encanta, quiero hacerte una cubana con estas tetas, comerte la polla y que te corras en mi boca

No paraba de sobarse las tetas e intentar chupárselas, paré de comerle el coño y le di dos palmadas en las tetas, junto a sus pezones, ella se mostraba más que excitada, volví a su coño, recorría con mi lengua su coño y empecé a introducir un dedo en su ano todavía no estaba preparado, tome el gel lubricante y le aplique un poco, iba de uno a otro follándomelos con la lengua, le metí otra vez los dedos y empecé a lamerle el clítoris con mi lengua estalló en un orgasmo, intentando taparlo con sus manos. Las aparté de un manotazo.

M: Puta, disfruta de tu fantasía, vaya guarra estas hecha.

S: Si, Si, joder que bueno, como me gusta ser una puta, me meo del gusto.

Sara se movía cadenciosamente mientras los flujos resbalaban por sus piernas hasta el suelo.

En ese momento cogí un preservativo y se lo di.

M: Puta pónmelo, hazlo con la boca, voy a follarte ese coño empapado.

Sara, rápidamente se incorporó y quitándome el condón se lo puso en la boca, como si de una exhibición se tratara, lo fue desenrollando sobre mi polla.

Se dejo caer hacia atrás y se abrió de piernas sin dejar de sujetar mi polla para guiarla hacia aquel mar de fuego, mirándome con cara de lujuria.

Ni que decir que resbaló hasta el fondo, debido a sus jugos Sara empezó a moverse lentamente intentando disfrutar de la nueva situación, yo quería que se sintiera expuesta, con lo que termine de abrirlas completamente sujetándola por los tobillos, sin dejar de mirarla lleve sus piernas a mis hombros y levantándola un poco empecé a follarla con fuerza. Su cuerpo iba y venía con cada empuje.

Sara se amasaba de nuevo sus tetas y me animaba a seguir follándola.

S: Más, más, este coño de puta es tuyo, fóllatelo, sigue agg, agg,

M: ¿Te gusta que un viejo te folle, zorra?

S: Si, sigue quiero sentir como te corres.

No tardé mucho más hasta correrme.

Dejé caer sus piernas que permanecieron abiertas y me incliné sobre ella, palmeando sus tetazas, las azotaba mientras la besaba. Ella se estremecía con cada azote, pero lejos de quejarse se ofrecía para que continuara.

M: ¿Querías humillación, vejaciones, ser tratada como una puta, que me corriera en tu boca?

S: Si quería sentir tu leche, pero ya te has corrido.

M: Zorra todavía está caliente. Abre la boca

Me quité el condón y lo vacié en la boca de mi puta. Al principio parecía extrañada por la ocurrencia, cuando acabo de tragarla me mostró su lengua orgullosa. Se sentía sucia, plena.

Descansamos unos instantes. Sara me había comentado en nuestras charlas que su suegra tenía muy controlado al soso de marido y que era casi obligación comer los domingos en su casa. Tomé su teléfono y se lo pasé

M: Llama a tu suegra con cualquier excusa, le dices que no tienes tiempo y le haces cualquier pregunta tonta para este domingo.

Sara me miró valorando cuales eran mis intenciones con aquello. Mirando su cara le dije –querías sentirte vejada y puta, como ahora, verás la satisfacción que te produce hablar con esa bruja mientras un viejo, juega con tu coño, tu coño de puta. Sin dejar de mirarme, disipando toda duda, inició la conversación. Apretando mi cabeza sobre su coño.

S: ¿Marta? Soy yo. Quería saber si te parece bien este domingo, llevo yo el postre y así no te lías tanto en la cocina… OK, te dejo que hoy estoy fuera y no me da la vida.

S: Cabrón, creía que me iba a dar algo, mientras me estabas follando el coño con tu lengua. Me he sentido toda una cerda.

M Y lo eres, se ve que lo has disfrutado. Ahora déjala bien limpia.

Sin mediar palabra empezó a chupar, para un nuevo asalto.

Continuará.

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