Nunca sabré quien fue

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Nunca sabré quién fue. Lourdes lo propuso y todos aceptamos. Particularmente yo estaba presa de la rijosidad. Hacía dos meses que no echaba un polvo… desde que Mariana me dejó. Así que fui el primero en gritar: “vale”… Pero detrás todos aceptaron.

Era el día de la graduación, corrían las bebidas y las bromas eran parte de la demostración de la alegría por los aprobados, que en la fiesta del local de Yolanda, éramos todos.

Pero Yolanda, nuestra anfitriona insistió: “Es en serio. Este día es muy especial y quiero recordarlo siempre”. Los “Bravo”, “Cojonudo”, “Yo también “, “Vamos, valientes”, y otros gritos inundaron la sala.

De esa manera, Yolanda fue hacia la entrada y cerró los conmutadores. Se oyeron gritos y chillidos, alguna risa histérica y algunos “uauh”. La sala quedó completamente a oscuras, y parecía que nada ni nadie se movía. A los pocos segundos se apreciaban algunas sombras y se escuchaban pies moviéndose en todas direcciones.

Yo me acerqué, tanteando el espacio a mi alrededor hasta que encontré una pared. Oí risas; era Susana, se reconocía claramente. Después, Yolanda pidió: “En silencio, todos. Ha de ser una orgia de anónimo”. Alguien aulló cerca de donde yo estaba y volvieron a estallar risas histéricas.

Seguían escuchándose pasos y alguna respiración fuerte. Alguno tropezó y maldijo en voz queda; creo que fue José Luis, pero no estoy seguro.

Me moví hacia mi derecha y encontré un cuerpo blando. Tanteé la cintura. Era una de las chicas. Su mano me recorrió desde el pecho a las piernas y se pegó a mí. Yo, con el corazón como una campana, la abracé. Subí las manos y noté el doble bulto de las tetas, de mediano tamaño. Me pregunté si sería Pilar o Yolanda, porque Marta y Elisa las tenían muy grandes. Sentí el aliento de una boca cerca de mi barbilla. Sus labios encontraron los míos y besé con fruición la suavidad de los suyos. Introduje mi lengua entre ellos y los dos jugamos con nuestras lenguas.

Ella metió toda la longitud de la suya hurgando en mis carrillos, mi paladar, enroscándose en la mía. Sentí el sabor de aquella lengua caliente y juguetona. Y metí los dedos por entre los botones de la blusa. Ella los apartó y fue desabotonando la prenda. Quedó en sostén y yo apresé las esferas, acaricié hasta que los dos pezones se pusieron duros y tiesos.

Ella llevó sus manos a mi paquete. Mi polla estaba tiesa y dura. Me desabrochó el cinturón y me bajó el pantalón y el bóxer. Me cogió por el culo desnudo y se apretó contra ella sobando la carne de mis nalgas. Yo le empecé a chupar los pezones y metí mis dedos por debajo del borde de la falda. Los deslicé hasta llegar a la braguita y penetré entre la fundida maraña de vello púbico. Con el índice palpé la entrada del higo húmedo. Mi verga estaba enhiesta y palpitante cuando ella la agarró con fuerza. La otra mano me acarició los cojones, como sopesándolos. Yo gemí inconteniblemente. Seguro que mis huevos estaban duros y llenos de simiente.

La cogí por los hombros y la fui agachando hasta que noté el cabello a la altura de mi vientre. Bajó la polla erecta hasta colocarla horizontal y entonces sentí la humedad y la lengua que iniciaba una felatio. Volví a gemir y ella emitió un shhh largo. El sonido no permitía saber cuál de las chicas era. Siguió con la mamada hasta que llegué al punto del clímax. Ella lo notó y me hizo agacharme, me colocó de rodillas y por los hombros me condujo hasta el vello de su coño. Hundí mi boca en la caliente raja. Lamí los abundantes jugos. Ahora ella dejó escapar un ruidito de placer contenido.

La cogí por el culo y metí mi lengua en el chocho ardiente hasta donde alcancé. Le comí el chocho y la perla del clítoris durísimo y la llevé a un orgasmo. Notaba su estremecimiento, el estallido de la corrida vaginal. Pasaron unos segundos eternos y noté cómo se arrastraba y me tumbó boca arriba. Otros largos segundos con mi tranca deseosa de descargar. Luego noté una mano acariciando mi glande; la otra manoseando mis pelotas, yendo hacia abajo y acariciando mi ojete, jugando con la entrada y simulando follarlo sin llegar a entrar. Inmediatamente la boca de apoderó de mi polla y comenzó a succionarla suave, al principio, y comiéndola enterita, después.

Llegué a notar la barbilla apretada contra los pelos del vientre, se la estaba tragando toda. La yema del dedo hacia círculos en el ojo del culo. Me gustaba la sensación. Entonces… sentí cómo el líquido lácteo subía incontenible por la verga y sin poderme resistir, a pesar de que quería aguantar más para disfrutar del placer me corrí. Fue una eyaculación en cadena. El esperma manaba y manaba en aquella boca suave y experimentada. Entre jadeos vacié toda mi leche hasta quedar tendido en el suelo, con la polla sobre mi muslo dejando caer las últimas gotas de semen. Y me quedé allí inmóvil.

Después me levanté y caminé por el espacio de oscuridad. Tropecé con un cuerpo. Sentí el culo amplio y suave delante de mí. Lo acaricié. Unas manos se colocaron por encima de las nalgas y alcanzaron mi polla, que volvía a estar en forma. Me la menearon hasta que se puso tiesa. Los muslos de abrieron y las manos desaparecieron. Yo toqué por en medio del canal de aquellas nalgas grandes y encontré el agujero de un chocho muy mojado. Metí mi verga y comencé a follarlo. La cogí por la cintura mientras jodía el chocho humectante y de allí alcancé las tetas enormes. Los pezones eran también grandes y estaban duros, tiesos.

Metía mi polla hasta lo más hondo de la vagina, estrellando mis pelotas en la nada del culo. Inesperadamente escuché gemidos y la cintura comenzó a moverse con mi tranca en el interior del chocho. Se estaba corriendo conmigo dentro. Un espasmo recorrió mi polla y dejé que mi eyaculación descargase en el chumino con sacudidas enérgicas, mientras apretaba los pezones entre mis dedos.

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