¡Hola de nuevo!
Dado la buena acogida que ha tenido el anterior relato cuyo título es “La playa nudista” (o eso me ha parecido), he decidido ponerme con el segundo, que espero que os guste tanto o más que el primero. Este ocurrió el día de mi boda, hace tres años, aproximadamente.
Cuando tenía 29 años conocí a un hombre que por primera vez en la vida me cautivó. No sé cómo podría llamarlo, pero así fue. Él tiene 10 años más que yo y tras poco más de un año de noviazgo me pidió matrimonio y le dije que sí. Durante el tiempo que fuimos novios le fui fiel, la verdad que me importaba y quería estar solo para él. La cuestión es que conociéndome, tampoco estaba excesivamente segura de lo que podría acabar pasando. Los días fueron pasando, más rápidos que lentos y al final llegó el día de la boda.
Nos casamos en un pueblo idílico, con su iglesia bonita y los amigos y las familias allí. La celebración la ofrecíamos en una antigua abadía que ahora es un hotel de cinco estrellas con spa. Una autentica maravilla que parecía sacada de un cuento de hadas. El convite pasó, luego el baile y poco a poco la gente se fue yendo a las habitaciones del hotel. Y desde aquí comienza nuestra historia.
Pese a haber sido un día larguísimo, allí estaba yo a las seis de la madrugada con mi precioso vestido blanco palabra de honor (luciendo mi escote que para eso lo tengo), las medias con liguero, mi preciosa ropa interior y los taconazos, por fin sola y buscando a mi marido para subir a la suite nupcial (una imponente habitación de dos pisos con jacuzzi incluido que era un autentica pasada) y, al menos, descansar un poco ya que al día siguiente por la tarde salíamos en avión para nuestra luna de miel en las maldivas.
Tras unos minutos buscando, encontré a mi marido en un sofá medio tirado e inconsciente, completamente borracho y casi al borde del coma etílico. No era capaz de abrir los ojos ni de articular palabra. Al principio me asuste un ligeramente, hasta que escuché un gran ronquido que hizo que empezase a enfadarme. Lógicamente yo no tenía fuerza para poder mover a mi marido y por otro lado no podía dejarlo allí. Valoré distintas opciones y decidí subir a la habitación a por el móvil para llamar a mi cuñado y que me ayudase a subirlo.
Justo cuando me dirigía hacia el ascensor, un camarero que nos había atendido durante la celebración se presentó allí y me pregunto si podía ayudarme en algo. La verdad que valoré rápido y le comenté la situación. El chico, que era negro, era alto y parecía estar fuerte. Me dijo que no me preocupase, que él me ayudaba. Yo le di las gracias mil veces y entre avergonzada y agradecida esperé a que el camarero cargase a mi marido en sus hombros y le fui guiando hasta la suite nupcial. Por el camino, a cada paso que dábamos, mi enfado iba en aumento y por otro lado iba más avergonzada de la situación en la que me estaba metiendo mi recién estrenado marido.
La suite nupcial estaba divida en dos plantas, en la de abajo (donde estaba la puerta por la que se accedía) había un recibidor, un baño enorme, un salón y un bar con barra incluida y todo tipo de bebidas (alcohólicas y refrescos) con alguna cosa para picar. Por unas bonitas escaleras se accedí al piso de arriba donde estaba la enorme habitación con el baño, una zona de jacuzzi y un balcón con una pequeña sauna. Tras abrir la puerta, el camarero subió a dejar a mi marido al piso de arriba mientras yo le esperaba avergonzada en el piso inferior.
Quiero aclarar que hasta ese instante estaba enfadada con mi marido y avergonzada con la situación. Ni siquiera me había atrevido a mirarle. En mi mente solo estaba aquella situación que me tenía bastante importunada. El camarero dejo a mi marido en la cama, cerró la puerta de la habitación y bajó las escaleras para irse. Al llegar donde yo estaba me preguntó si podía ayudarme en algo más, yo le dije que no y tras desearme buena noche se dirigió a la puerta para irse.
Entonces por mi mente paso la idea de quitarme un poco la vergüenza que tenía y le pregunte si podía invitarle a tomar una copa como agradecimiento al favor que me había hecho. El pareció dudar pero la aceptó con gusto, así que pasamos al salón y le pregunte que quería tomar. Él me dijo que un ron cola. Me fui al bar, cogí un vaso, hielo y preparé su copa mientras él se sentaba en uno de los sofás. Le di la copa y yo decidí abrir una botella de champagne (me encanta) y poner una copa para tomarla y acompañarle.
Hago ahora otra pequeña apreciación. Yo ya había estado con negros (quizá os lo cuente en relatos futuros), y como iréis viendo, el tema del tamaño es como un fetiche para mi… Un buen pollón me pierde. Es lo que hay. Pero hasta ese momento por mi mente ni se me había pasado por la cabeza que fuese a ocurrir nada entre el camarero y yo.
Pues allí estábamos, cada uno en un sofá, frente a frente. Yo con mi precioso y sexy vestido de novia y el con el uniforme de camarero, su chaleco, su pajarita y sus pantalones.
Comenzamos a charlar de cosas triviales, y me conto que se llamaba John, que era de Nigeria, que tenía 21 años, que había llegado a España hacia tres años. Que pretendía traerse a su familia, que aquí le habían acogido bien y que le gustaba el país. Fuimos tocando temas insulsos, alguno de ellos graciosos. Cuando vi que había acabado su copa, me fijé que eran algo más de las seis y media de la mañana y le dije si quería tomar otra.
Se le veía a gusto y me dijo que por él no había problema. Yo llevaba un par de copas de champagne (mas lo que había bebido en la celebración). Le puse la copa y seguimos charlando. No sé como acabamos llegando a la despedida de soltera y me pregunto cómo había sigo. Le comenté que muy tranquila, con viñedos y masajes y cosas así y me pregunto si no había habido stripper. Le dije que no y se rio… Llamó sosas a mis amigas y estuvimos un rato riéndonos del tema comentando el que en una despedida había que darse un gustazo.
Yo le seguía la conversación. La verdad que consiguió que se me pasase el enfado y que olvidase por completo lo que había pasado con mi marido, y de pronto, no sé por qué, le mire el paquete. Él estaba sentado con las piernas separadas y se podía ver perfectamente. Me sorprendí quitando la vista rápidamente porque noté un bulto de considerable tamaño. Desde ese instante algo dentro de mí comenzó a cambiar. El tema del stripper y las conversaciones siguientes comenzaron a subir de calor.
Y a mi cada vez se me iban más los ojos a su paquete. Por otro lado, me daba la sensación de que él me miraba el escote y me recorría el cuerpo cada vez que me levantaba a ponerme más champagne en la copa. La sensación que yo tenía es que cada vez que miraba su paquete, el bulto parecía más y más grande… La situación me estaba poniendo poco a poco loca. Empecé a notar como el tanga blanco de encaje se empezaba a humedecer. En un momento, mientras miraba aquel paquete me mordí el labio inferior y él me descubrió y me dijo con toda la calma del mundo que si encontraba algo que me gustase. Puf, no supe que decir.
Medio tartamudee mirando al suelo y cuando levante la vista vi que se había puesto de pie frente a mí y que se empezaba a abrir el pantalón mientras decía “si quieres verlo mejor te lo enseño”. Yo estaba atónica, perpleja y no puede decir nada. Se quito el pantalón a toda prisa y descubrí que debajo no llevaba ropa interior (según me comento después es muy práctico para las bodas con las invitadas) y una gran polla negra de 23 cm salto como un resorte apuntando al cielo. Si ya estaba húmeda, la explosión de mi coño fue brutal.
Desde que estaba con mi recién estrenado marido solo había tenido una polla blanca de 14 cm muy normalita, y claro, en comparación, aquello era una autentica maravilla. Se acerco a mí y su polla quedo a la altura de mi boca. Le miré a los ojos, la cogí con mi mano y comencé a comérsela. Lentamente. Disfrutando de cada cm de piel. Tragando y tragando. Se sorprendió cuando la vio desaparecer en mi garganta (el deeptrhoat es una de mis especialidades). Con un pollón así me quedo sin respiración, pero la sensación es increíble.
Notaba como el placer que sentía era inmenso y por otro lado sentía como mi coño chorreaba empapando el tanga. Tras una mamada que a él le pareció increíble, la saque de mi boca y cogiéndome por la cara me levanto y me llevo a la barra del bar. Allí me dio la vuelta haciendo que me apoyase contra ella. En ese momento me dispuse a decirle como se quitaba el vestido a lo que él respondió que el primer polvo me lo iba a echar con el vestido puesto. Joderrrrr, eso hizo que mis fluidos arroyasen por mis muslos.
Note como levantaba el vestido, y como poniéndose detrás me apartaba el tanga colocando su polla durísima contra mi empapado coño. “Estas chorreando cabrona”. Cuando escuché eso creí que me derretía del todo, pero en ese instante me empalo. Me la clavo de golpe y al fondo. Y empezó a follarme con furia, como solo los negros saben follar (aunque el chico del primer relato parecía negro follando). Me embestía con fuerza, como un animal que quiere destrozar a su hembra. Entre los 21 años y el ser de Nigeria le daban una fuerza especial y esa forma de follar que es increíble.
De pronto noté como un orgasmo me llegaba, invadiéndome por completo, mis gritos se intensificaron, mi respiración era un jadeo y me corrí como hacía tiempo que no lo hacía. John siguió follándome con dureza. Mis piernas temblaban, pero él no tenía piedad. Notaba aquella enorme polla entrando y saliendo de mi coño volviéndome loca, destrozándome de placer. Un segundo orgasmo me vino y me dejo casi exhausta. Cuando llevaba follándome cuarenta minutos note como empezaba a acelerarse y, clavándose en mí de una forma animal comenzó a descargar en mi interior mientras yo alcanzaba un tercer orgasmo increíble que me dejaba muerta.
Note como su corrida me inundaba mientras yo intentaba respirar y recuperar el control de mi cuerpo, los temblores y algún espasmo del último orgasmo aun hacía mella en mí. Note como salía de mí y poco a poco pude recuperar una especie de normalidad que me permitió separarme de la barra aunque necesite sujetarme al sofá. El polvo había sido brutal me había hecho correrme como hacía tiempo que no lo conseguía mi marido.
Entonces le mire y vi que se acercaba, me dijo que ahora sí que me iba a quitar el vestido y, tras hacerlo me dijo que le dejase mirarme bien. Se alejo un poco y me pidió que me diese una vuelta. Y allí estaba yo, en tacones, medias blancas con liga y liguero a medio muslo, el tanga blanco y el suje blanco dejándome ver por el camarero nigeriano que me acababa de dar el mejor polvo de los últimos años. Tras terminar de dar la vuelta vi que estaba sentado en el sofá con la polla durísima. Le dije que no se moviese y fui caminando de forma sexy hacia él.
Me puse delante de John y me senté a horcajadas sobre él. Notaba mis fluidos mezclados con su corrida bajando por mi coño. Volví a apartar mi tanga mientras con la mano colocaba aquella polla en mi entrada y me dejaba caer sobre ella llenándome poco a poco. Esa increíble sensación mientras te llenan… Diosss que maravilla.
Comencé a cabalgarle, primero lentamente y luego subiendo la velocidad mas y mas rápido. Quería demostrarle que yo también era buena dirigiendo (aunque a los negros les gusta más mandar) él se fue dejando hacer. A mí me estaba volviendo loca y tras un buen rato note como me iba a correr. Acelere más el ritmo. Gemía como una loca y el orgasmo me vino con fuerza, como el primero que tuve follando con él. Al estar en mi clímax me quede clavada en el pero él siguió moviéndose haciendo que mi orgasmo fuese más intenso y duradero.
Cuando acabe de correrme, el paro y me quito de encima poniéndome a cuatro en el sofá y me la clavo de golpe. Ahí volví a sentir el negro que llevaba dentro John… Me follo como un animal, le había despertado por completo. Las embestidas eran duras, fuertes, impresionantes. El chaval se estaba empleando a fondo conmigo. Un segundo y brutal orgasmo me invadió haciendo que me fallaran mis piernas quedándome tumbada boca abajo. El siguió follando más y más duro en esa posición, cada vez mas profundo mas duro.
Yo sentía como pequeños orgasmos hasta que llego la gran explosión en un squirt impresionante que empapo todo el sofá mientras el se corría sobre mi espalda al tiempo que yo convulsionaba presa de los espasmos. Me había estado follando como un animal durante casi una hora. Estuve varios minutos tumbada boca abajo en el sofá con su corrida en la espalda.
Cuando conseguí recuperar un poco el control de mi cuerpo me incorporé, me costaba caminar (la falta de costumbre). Vi que eran las nueve y media de la mañana (el primer polvo había comenzado sobre las siete) y me pareció que a esa hora alguien podría empezar a andar por los pasillos. Le dije que me iba a dar una ducha, que si quería descansar un poco antes de irse que podía quedarse un rato. Pero que vigilase la habitación, que estaba allí mi marido (en ese momento me di cuenta de que mi marido estaba allí al lado).
Me fui al enorme baño de abajo, que quite los tacones, el tanga, las medias y el suje y entre en la ducha. Notaba que me costaba moverme. La ducha era enorme. Abrí el agua y comencé a mojarme. Entonces escuche un ruido y me gire. Allí estaba John abriendo la puerta de la mampara y entrando en la ducha con la polla tiesa como un hierro. Le mire con cara de sorpresa (benditos 21 años) y me cogió en brazos en el aire colocándome sobre su polla. Empezó a moverse pasando el capullo por mi rajita.
Eso hizo que me empezase a mojar de nuevo. Poco a poco hizo movimientos para mojarme más y empezó a meterme de nuevo su polla en el coño. Sus manos sujetándome por el culo separaban y abrían mi coño. Mis piernas en su espalda… Dios que maravilla. Empezó con un ritmo suave que fue subiendo poco a poco. Notaba como su polla, sus 23 cm de polla negra me llenaba de nuevo. “follame duro cabron, como tú sabes” le dije entre gemidos. John no se lo pensó dos veces y comenzó a llevarme a la locura. Su frenesí y su fuerza hizo que yo me corriese fuerte y rápido y el siguió y siguió. Me reventaba por dentro.
Entre el calor de la ducha, el maratón de sexo y mi falta de entrenamiento note que empezaba a marearme ligeramente, pero el placer era indescriptible. Entonces note como se acercaba su orgasmo y le dije que me bajase justo después de legar a mi segundo orgasmo del polvo en la ducha. Lo entendió rápido. Jadeando como una loca, me dejo en el suelo de rodillas y como pude mantuve la posición y comencé a comerle la polla y a metérmela por la garganta. Sabía que esto le volvería loco y al poco empezó a descargar en mi garganta mientras que con los músculos de la misma le ordeñaba la polla y le acariciaba los huevos con las manos.
Una vez que descargo por completo me la saco de la boca (y pude coger aire) y yo me senté en el suelo. Él se ducho mientras yo descansaba y cuando acabo salió del baño. Yo me duché y, tras secarme, salí del baño envuelta en una toalla. Allí estaba John sentado en el sofá vestido. Me dio las gracias por la noche y se fue de la habitación tras comprobar que no había nadie en el pasillo. Eran las doce menos cuarto de la mañana. ¡Madre mía! Qué forma de irse el tiempo.
En ese momento subí a la habitación, no sabía que me iba a encontrar. Allí estaba mi marido, en la misma posición que le había dejado John. Roncando y casi inconsciente. Yo estaba exhausta, aunque no tenía sueño. Tenía molestias y sabía que iba a tener agujetas. Me costaba un poco caminar. Deshice un poco la cama y me vestí. Le deje una nota a mi marido diciéndole que si despertaba estaba desayunando en la cafetería del hotel y hacia allí me dispuse a ir.
Al llegar vi a mis amigas de toda la vida que me llamaron para que me sentase con ellas. Las risitas que se traían me empezaron a dar que pensar y me puse nerviosa y de pronto una de ellas me dijo “¡como engaña tu marido, menudo semental joder! Vaya noche te ha pegado”. Yo me hice la sorprendida y ellas me dijeron que sus habitaciones estaban en el mismo pasillo que la suite nupcial y que me habían escuchado disfrutando con mi marido toda la noche. Desde entonces se creen que mi marido es un prodigio sexual.
Unas horas más tarde mi marido se despertó y volvió a la vida en un estado lamentable. Se pasó los siguientes días buscando la forma de disculparse, pese a que yo le dije que no pasaba nada. De mis agujetas le comente que eran por el tremendo día que habíamos tenido, el baile y toda la celebración.
Espero que este os haya gustado tanto o más que el anterior, si es así, seguiré con mis experiencias.
Muchos besitos de Vero.