Hace varios meses que llevo toda mi ropa a lavar en una lavandería cercana. Siempre me atiende un señor llamado Juan Carlos. Hace diez días noté en la devolución de mi ropa la falta de un camisón de seda roja.
Cuando lo reclamé, Juan Carlos me respondió diciendo que se lo había quedado para deleitarse con algo que había tocado mi piel. Al devolverme la prenda dijo: -Quisiera ser afortunado como este camisón que duerme contigo. Reí por su ocurrencia y no le presté atención.
Íntimamente me sentía halagada por sus palabras cargadas de deseo hacia mi cuerpo.
En la siguiente tanda de ropa a lavar. Cuando la retiré, había faltante de un pantalón pijama.
Inmediatamente regrese a reclamarlo. Juan Carlos dijo que lo dejara un día más. Que aún no estaba lavado. Y riendo dijo:
-He dormido sobre él.
-¡Esto es demasiado Juan Carlos! -Exclamé
-Nada es demasiado preciosa Belu. Si me traes tus tanguitas las lavo a mano y no te cobro. Respondió con desfachatez.
Fingí estar molesta por su comentario pero en lo íntimo me agradaba. Sentía que Juan Carlos me deseaba mucho. Me encanta ser el estímulo de un hombre para encenderlo. Para que crezca su deseo hasta masturbarse por mí.
Todo lo ocurrido me calentaba bastante. Al siguiente lavado, antes de llevar mi ropa a la lavandería, me vestí con una chomba de licra amarilla.
Muy escotada y ceñida al cuerpo. Abajo un pantalón blanco de algodón que se hundía en la separación de mis glúteos.
Entre la ropa a lavar envié una tanga rosa, minúscula con transparencias de encaje.
Juan Carlos recibió la ropa en sus manos y dijo: -Gracias Belu. Eres mi clienta preferida por ser simpática y hermosa. Tienes unos pechos deliciosos. Tu estatura y tu peso son ideales…
Me hace feliz verte venir y cuando te vas mis ojos se iluminan con la visión que les brindas.
Cuando me fui del negocio, sentía sus ojos clavados en mí. Sonreí sin volver la cabeza.
Dos días después volví por mi ropa. Juan Carlos me entrego la ropa lavada en una bolsa grande y una pequeña diciendo: -Belu, en la bolsa pequeña está la tanguita. Es tan delicada que la lavé a mano.
Al momento de pagar el servicio de lavado, dijo que no debía nada y que me invitaba a merendar en una cafetería muy conocida pero distante.
Acepte su invitación. Estaba encantada con su atención de caballero y sus piropos cargados de halagos.
Cuando estuve en mi casa, analicé sus palabras y entendí que el interés de él iba más allá de compartir una merienda. Que si lo dejaba avanzar un poco tendría lavados de ropa gratis por mucho tiempo. Me reí sola por tener esos pensamientos tan torcidos.
Cuánto nos encontramos en la cafetería. Juan Carlos vestía traje oscuro. Eso lo favorecía para que lo viera más delgado.
Quizás su estatura sea 175 y su peso 85 kilos. Estimo su edad en 25 años mayor que yo.
Lo imagino casado, por elegir una cafetería tan distante.
Me recibió con halagos a mi belleza y a la ropa que vestía.
Luego de varios minutos de charla, intuí que deseaba decirme otras cosas, por el movimiento nervioso de sus manos. Gesticulaba al hablar.
Para hacerle más fácil el diálogo le dije: -Vine con una sorpresa para ti.
Él se sorprendió por mis palabras y dijo:
-Belu, toda sorpresa que venga de ti será hermosa. Dime cuál es.
-¿Adivinas? -Pregunté.
-¡No! -Dijo desconcertado.
Bajando la voz y aproximando mis labios a su oído dije: -¡llevo puesta la tanguita que lavaste a mano!
Juan Carlos cerró los ojos y se mordió el labio inferior. Yo me reí y lo tomé de una mano.
Una hora después ingresamos a un hotel, por iniciativa de él.
-Acepte tu propuesta para demostrarte que digo verdad. Tengo puesta la tanguita rosa. -Le dije al pasar el umbral de la puerta.
Juan Carlos dejó caer su saco sobre sobre un sillón, y me apretó contra su pecho para besarme con intensidad. Yo desabroché los botones de su camisa descubriendo su pecho poblado de pelos.
Me cedió el paso para pasar al baño, mientras él me esperaba sintonizando un canal de música. Tardé varios minutos Luego salí del servicio, bien higienizada, perfumada. Con la tanga rosa puesta y una toalla cubriendo algo. Juan Carlos estaba con el torso desnudo. Únicamente cubierto su sexo con un bóxer negro. Nos besamos y pasó a higienizarse él.
Lo esperé tres minutos tendida boca abajo sobre la cama, escuchando música. Al regresar Juan Carlos se inclinó junto a mí y exclamó: -¡Guau!
Tomó la tanga por ambos lados de la cintura y la deslizó por mis piernas, ayudándose con sus labios. Sentía su respiración en mis piernas. Ante sus ojos quedó mi voluminoso culo desnudo. Bajó su cabeza hasta llegar a besarlo, chuparlo, morderlo y separar las nalgas para llegar con su lengua hasta el ano y parte de la vagina. Luego giró mi cuerpo y se detuvo mirando mis senos. Los amasó, mordió y chupó con furia mis pezones. Yo sentía hormigueo vaginal y comencé a mojarme abundantemente. Con dos dedos separó mis labios externos ligeramente hinchados y se movía entrando y saliendo rozando el clítoris.
Vi sus bolas grandes bajo una mata de muchos pelos negros ondulados y un miembro corto y no muy grueso. Acaricié su verga con una mano, descubrí la cabeza de piel roja y tersa haciendo bajar el prepucio que la ocultaba. La acerqué a mi boca y chupé hasta sentirla bien firme.
Juan Carlos suspiraba, disfrutando ese momento tan deseado por él.
Separó mis piernas quedando de rodillas entre ellas. Recogió mis pies junto a su pecho e inclinando su cuerpo hasta tocar mis rodillas en sus hombros. Me entró en la vagina de una sola embestida y con un dedo intentaba abrirme el ano.
Con su herramienta mojada por mis jugos, untó mi ano. Su dedo mayor abrió mi fruncido culito. Dilatando un poquito hasta lograr meter dos dedos a la vez. Luego que entraron los movió haciendo círculos, hasta quitarlos para dar lugar a su verga. Con golpes a fondo me entró apoyando su pelambre oscura en mi piel depilada. Fue una hermosa sensación de sentirlo muy adentro y de dominio sobre mí. Me provocó un fuerte orgasmo anal, mojando a chorros mis muslos y las sábanas.
Juan Carlos aún no se había descargado y pidió me pusiera de rodillas sobre la cama. Baje la cabeza hasta tocar las sábanas. Así quedé expuesta con el culo elevado y abiertas las nalgas.
Chupó mi ano y lamió mi rajita que dejaba escapar muchos jugos. Toda mojada por mis viscosos fluidos, me penetró desde atrás con mucha fuerza. Metiendo a fondo su verga, sacándola y volviendo a entrar.
Me llegó un segundo orgasmo, gimiendo y temblando. Apretando las sábanas entre mis dedos. Disfrutando como poseída, ese instante. Mi esfínter se contraída y dilataba involuntariamente.
Juan Carlos aprovecho el momento para meter su miembro violentamente en mi ano. Apretó mis nalgas con sus manos cual si fuesen garras sus dedos. Las mantuvo separadas. Emitiendo un gruñido gutural y teniendo espasmos en su pene. Descargó su semen caliente dentro de mí.
Fue su único orgasmo, pero suficiente para gozar mucho y quedar rendida, satisfecha y contenta. Al cabo de dos horas abandonamos el hotel sonrientes.
Ahora cuento con servicio de lavados gratis y un amigo para pasar buenos momentos si así se me antojara.
Que perversa eres….
Aunque yo como el señor también labaria tus tanguitas sin cobro alguno…
Aunque seguro desde el primer momento ya tenías intención de cogerte al viejito.