El encuentro inesperado

0
19970
T. Lectura: 2 min.

En una fría noche de invierno, mientras navegaba por una plataforma en línea, me topé con un perfil que capturó mi atención. La mujer en la foto tenía una sonrisa encantadora y una mirada que parecía decirlo todo. Decidí enviarle un mensaje con la esperanza de conocerla mejor.

—Hola, soy Marco —le escribí.

—Hola, Marco. Soy Clara —respondió ella, con un tono que me hizo sonreír.

Después de intercambiar algunos mensajes, decidimos encontrarnos en un motel discreto. La emoción y la curiosidad me consumían, pero nunca imaginé lo que me esperaba.

Al llegar al motel, toqué a la puerta y, para mi sorpresa, Clara abrió la puerta. Al verla, quedé paralizado. Era la madre de mi mejor amigo, Sofia.

—Marco, ¿qué haces aquí? —preguntó ella, con una mezcla de sorpresa y excitación en su voz.

—Lo siento, Clara. No sabía que eras… —comencé a explicar, pero ella me interrumpió.

—No importa, Marco. Estoy aquí por la misma razón que tú —dijo, con una sonrisa traviesa.

Entré a la habitación y cerré la puerta tras de mí. Clara se acercó lentamente, sus ojos nunca dejando de mirarme.

—Sé que esto es extraño, pero no puedo negar que te he deseado desde hace tiempo —confesó ella, mientras sus manos se deslizaban por mi pecho.

—Yo también, Clara. No sé por qué, pero siempre te he encontrado atractiva —respondí, sintiendo una oleada de deseo recorrer mi cuerpo.

Ella se inclinó y nuestros labios se encontraron en un beso apasionado. Nuestras lenguas se entrelazaron, explorando cada rincón del otro. Sus manos recorrieron mi espalda, mientras mis dedos se enredaban en su cabello.

—Quiero sentirte —susurró ella, mientras me guiaba hacia la cama.

Nos desnudamos lentamente, disfrutando de cada momento de anticipación. Clara se acostó en la cama, sus piernas abiertas, invitándome a explorar. Me arrodillé entre sus muslos y comencé a besar su muslo interno, trabajando mi camino hacia su centro.

—Oh, Marco —suspiró ella, mientras mis labios encontraban su clítoris.

Lo lamí suavemente, saboreando su sabor, mientras mis dedos se deslizaban dentro de ella. Ella gemía con cada movimiento, sus caderas moviéndose al ritmo de mi lengua.

—Sí, así —gemía ella, mientras sus manos agarraban mi cabello con fuerza.

Me levanté y me coloqué sobre ella, mi pene duro y listo para entrar. Clara miró hacia arriba, sus ojos brillando con deseo.

—Quiero sentirte dentro de mí —dijo, mientras sus piernas se enredaban en mi cintura.

Entré lentamente, disfrutando de cada centímetro de ella. Ella gemía con cada movimiento, sus uñas marcando mi espalda.

—Oh, sí, Marco. Más —pidió ella, mientras sus caderas se movían para encontrar un ritmo.

Aceleré el movimiento, nuestros cuerpos sudorosos chocando contra el otro. Los sonidos de nuestros actos llenaban la habitación, cada gemido y jadeo intensificando nuestro deseo.

—Fuck, Marco. Sí, más rápido —gritó ella, mientras sus manos agarraban mis nalgas para guiarme.

Me volteé y la coloqué en una posición de vaquera. Clara controló el ritmo, moviéndose sobre mí con una intensidad que me hizo gemir.

—Oh, Dios, Clara. Eres increíble —susurré, mientras mis manos acariciaban sus pechos.

Ella inclinó su cabeza hacia atrás, sus ojos cerrados, disfrutando de cada momento. Nuestros cuerpos sudorosos chocaban, el sonido de nuestras pieles contra las otras llenando la habitación.

—Ven aquí, Marco —susurró ella, mientras se inclinaba hacia mí.

Nos besamos apasionadamente, nuestras lenguas entrelazadas, mientras ella continuaba moviéndose sobre mí. Sentí la intensidad aumentar, nuestros cuerpos al borde del éxtasis.

—Oh, sí, Marco. Vamos a corrernos juntos —gemía ella, mientras sus movimientos se aceleraban.

Nuestros cuerpos se tensaron, el placer recorriendo cada fibra de nuestros seres. Gritamos juntos, nuestros cuerpos temblando con la intensidad del orgasmo.

Clara se inclinó sobre mí, nuestras respiraciones jadeantes, nuestros corazones latiendo al unísono.

—Eso fue increíble —susurró ella, mientras me besaba suavemente.

—Sí, lo fue —respondí, sintiendo una mezcla de satisfacción y sorpresa.

Nos quedamos juntos durante un rato, disfrutando de la sensación de estar en los brazos del otro. Finalmente, nos despedimos con una sonrisa, sabiendo que este momento sería uno que recordaríamos para siempre.

Loading

DEJA UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí