En una pequeña ciudad costera, vivía una familia disfuncional. María, una mujer de 40 años, rubia y de complexión delgada, había descubierto que su hijastra, Laura, de 18 años, morena y de ojos verdes, tenía inclinaciones homosexuales. María, aunque no estaba completamente de acuerdo con la orientación sexual de Laura, decidió manejar la situación de una manera que le parecía apropiada.
Una noche, mientras su esposo, Carlos, un hombre de 45 años, moreno y musculoso, dormía, María despertó a Carlos en la habitación.
—Carlos, necesitamos hablar —dijo María con voz seria.
—¿Qué pasa, María? —preguntó Carlos, aún adormilado.
—Es sobre Laura. Creo que es lesbiana —dijo María, tratando de mantener la calma.
—¿Qué? ¿Cómo lo sabes? —preguntó Carlos, ahora completamente despierto.
—Lo vi besando a una chica en el parque. No estoy segura de qué hacer al respecto —confesó María.
—¿Y qué quieres que haga yo? —preguntó Carlos.
—Quiero que la seduzcas. Quiero que la hagas cambiar de idea —dijo María, con una mezcla de desesperación y determinación.
—¿Estás segura de que eso es lo que quieres? —preguntó Carlos, dudoso.
—Sí, Carlos. Creo que es lo mejor para ella. Necesita experimentar con un hombre —dijo María, con voz firme.
Al día siguiente, Carlos se acercó a Laura mientras ella estaba en su habitación, ordenando sus libros.
—Hola, Laura. Pareces preocupada —dijo Carlos, con una sonrisa tranquilizadora.
—Hola, Carlos. Solo estoy pensando en cosas —dijo Laura, con una sonrisa tímida.
—¿Te gustaría salir hoy? Podríamos tomar un café o algo —sugirió Carlos, con un tono amable.
—Claro, Carlos. Eso suena bien —dijo Laura, aceptando la propuesta.
Salieron juntos y, mientras caminaban por el parque, Carlos comenzó a coquetear con Laura.
—Sabes, Laura, siempre me has parecido una joven muy especial —dijo Carlos, mirándola a los ojos.
—Gracias, Carlos. Eres muy amable —dijo Laura, ruborizándose.
—¿Te gustaría saber un secreto? —preguntó Carlos, acercándose más a ella.
—Claro —dijo Laura, intrigada.
—Nunca he podido dejar de pensar en ti —confesó Carlos, con una mirada penetrante.
—Carlos, no sé qué decir —dijo Laura, sorprendida.
—No tienes que decir nada. Solo quiero que sepas que te deseo —dijo Carlos, tomando su mano y mirándola fijamente.
Laura se quedó en silencio, sintiendo una mezcla de sorpresa y excitación. Mientras caminaban, Carlos la guio hacia un banco cercano y se sentaron juntos.
—¿Te gustaría que te besara? —preguntó Carlos, con una voz suave y sensual.
—Sí —susurró Laura, sin poder evitarlo.
Carlos se inclinó hacia ella y la besó suavemente en los labios. Laura correspondió al beso, sintiendo una oleada de emociones nuevas. El beso se volvió más apasionado y Carlos comenzó a explorar su boca con su lengua. Laura gemía suavemente, disfrutando de cada caricia.
—Vamos a mi habitación —susurró Carlos, tomando la mano de Laura y llevándola hacia la casa.
Una vez en la habitación, Carlos cerró la puerta y volvió hacia Laura, tomándola en sus brazos y besándola con pasión. Laura respondió con entusiasmo, sintiendo su cuerpo arder con deseo. Carlos comenzó a desabrochar su blusa, revelando su piel suave y su sostén. Besó su cuello y sus hombros, mientras Laura gemía de placer.
—Eres hermosa, Laura —susurró Carlos, mientras desabrochaba su sostén y liberaba sus pequeños pechos.
—Gracias —susurró Laura, sintiendo una oleada de placer mientras Carlos comenzaba a lamer y succionar sus pezones.
Carlos bajó sus manos y comenzó a desabrochar su falda. Laura lo ayudó, deslizándosela y quedando en ropa interior. Carlos se arrodilló frente a ella y comenzó a besar sus muslos, subiendo lentamente hasta llegar a su centro. Laura gemía más fuerte, sintiendo cada caricia de su lengua.
—Oh, Carlos —gemía Laura, mientras Carlos comenzaba a lamer su clítoris.
Carlos metió un dedo en su vagina, moviéndolo lentamente mientras seguía lamiendo su clítoris. Laura se agarraba a sus hombros, sintiendo su cuerpo estremecerse con cada caricia.
—Vamos a la cama —susurró Carlos, levantándola en sus brazos y llevándola hacia la cama.
Una vez en la cama, Carlos se quitó la ropa y se recostó sobre Laura, besándola con pasión. Laura abrió sus piernas, sintiendo su pene presionando contra su entrada. Carlos la miró a los ojos y comenzó a deslizar su pene lentamente dentro de ella.
—Oh, Carlos —gemía Laura, sintiendo su cuerpo estirarse para acomodarlo.
—Eres tan apretada —susurró Carlos, moviéndose lentamente dentro de ella.
Laura gemía más fuerte, sintiendo cada movimiento de su pene dentro de ella. Carlos aumentó el ritmo, empujando más fuerte y profundo. Laura se agarraba a sus hombros, sintiendo su cuerpo arder con placer.
—Oh, Carlos, más rápido —gemía Laura, sintiendo cada movimiento de su pene dentro de ella.
Carlos comenzó a moverse más rápido, empujando con más fuerza. Laura gemía más fuerte, sintiendo su cuerpo estremecerse con cada movimiento.
—Vamos a cambiar de posición —susurró Carlos, sacando su pene de ella y dándole la vuelta.
Laura se puso a cuatro patas y Carlos se colocó detrás de ella, empujando su pene dentro de ella nuevamente. Laura gemía más fuerte, sintiendo cada movimiento de su pene dentro de ella. Carlos comenzó a moverse más rápido, empujando con más fuerza.
—Oh, Carlos, más fuerte —gemía Laura, sintiendo su cuerpo estremecerse con cada movimiento.
Carlos comenzó a moverse más rápido, empujando con más fuerza. Laura gemía más fuerte, sintiendo su cuerpo estremecerse con cada movimiento. Finalmente, Carlos sintió su orgasmo acercándose y comenzó a moverse más rápido y más fuerte.
—Oh, Carlos, voy a venir —gemía Laura, sintiendo su cuerpo estremecerse con intensidad.
Carlos sintió su orgasmo llegar y comenzó a eyacular dentro de ella, sintiendo su cuerpo estremecerse con intensidad. Ambos gemían más fuerte, sintiendo cada oleada de placer recorriendo sus cuerpos.
Después de algunos minutos, Carlos se retiró de ella y se recostó a su lado, besándola suavemente en los labios.
—Eso fue increíble, Laura —susurró Carlos, mirándola a los ojos.
—Sí, lo fue —susurró Laura, sonriendo y sintiéndose satisfecha.