El chico, mi marido y yo

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Como mis anteriores relatos, este sucedió hace varias décadas, una de las ventajas de tener un marido que ha aceptado su condición de cornudo sumiso es que, con toda tranquilidad, solo limitada porque fuera de casa no se sepa lo que sucede dentro, es que puedes llevar a tu hogar a los amates ocasionales, aunque tu marido esté allí.

En esa ocasión había salido en busca de un joven para follar, me había puesto un vestido azul a media pierna, y me encontré con un chico de apenas veinte años, debía de ser deportista, por su musculatura, supongo que él tenía ganas de echar un polvo así que no me costó nada llevarle a mi casa.

Una vez en mi casa, como una loba, me lancé a por él, primero le quité la camisa, dejando su pecho al aire, era un pecho sin una gota de grasa, bien trabajado tipo gimnasio, y después me arrodillé ante él, cosa muy propia ante un dios griego, baje sus pantalones y su short, dejando al descubierto una polla de un buen tamaño, me disponía a hacerle una buena mamada, cuando oímos como sonaba la puerta de mi casa, el chico se asustó, yo sabía que solo podía ser mi marido, y efectivamente así era, cuando entró donde estábamos yo, con voz potente dije:

-Hola cornudo, no te esperaba tan pronto, luego añadí aquí estoy con este jovencito tan buenorro, ni punto de comparación con un viejo decrepito como tú, y para que este chico lo pueda comprobar, venga desnúdate.

Mi marido, como no podía ser de otra forma obedeció, se quitó la ropa hasta quedarse completamente desnudo y entonces yo dije, dirigiéndome al chico;

-Compara mi amor tu cuerpo joven y musculoso, con el cuerpo viejo decrepito y panzón de este cornudo, ¿Cómo una mujer como yo, teniendo esto en casa, no va a salir a la búsqueda de un dios como tú? Fíjate la diferencia de tu polla propia de un dios griego a la cosa pequeña y arrugada de él. Bien sigamos.

Nos sentamos en el sofá besándonos mientras mi marido miraba, hasta que yo dije:

-Perro, ven aquí.

Mi marido sabía que cuando yo decía eso él debía de ponerse a cuatro patas e ir a donde yo estuviera y eso hizo, cuando llegó a las cercanías del sofá, le ordené ponerse de lado mientras yo seguía masturbando al chico y su divina polla, yo seguía vestida, y llevaba unos zapatos negros con un cierto tacón que puse sobre la espalda del perro, mientras con mi mano seguía masturbando la polla de mi dios, hasta que noté como la polla del chico estaba durísima, entonces le dije:

-Deja que este perro te rinda culto.

Nos levantamos y fuimos donde estaba mi marido, yo me puse detrás de él con mis piernas a cada lado de su cuerpo y le dije:

-Venga cornudo maricón, chupa la polla de este chico tan guapo que ha venido a vernos.

No sé si el chico se dio cuenta de mis intenciones, o actuaba guiado por su instinto, el caso es que se puso delante de mi marido dejando su polla al alcance de la boca de este, yo dije a mi marido:

-Venga chupasela.

Mi perrito muy obediente abrió su boca y se tragó la polla del chico, mientras yo le decía:

-Venga perrito que nuestro dios vea que al menos la chupas bien, que no piense que además de feo viejo y maricon eres un vago.

Y mientras le decía esto mes senté encima de él, como si el fuera un caballo, o un burro jajaja, y yo su jinete. Mientras le decía:

-Venga maricón complace a nuestro invitado:

Yo creo que mi marido desde que yo le obligaba a chupar pollas le, iba cogiendo gusto al asunto y se la mamaba al chico con ganas, mientras yo cabalgándole rozaba mi coño, aunque con un tanga de por medio, contra su espalda, era algo que me gustaba, estuvimos así hasta que Héctor, que así se llamaba el chico, se corrió y toda su leche fue a parar a la boca de mi marido, que sabiendo lo que le había ocurrido otras veces en que se le había escapado, se tragó toda la leche del chico.

En ese momento yo le dije:

-¿Has disfrutado mariquita?, me alegro por ti, pero ahora me toca a mí, quiero que me desnudes para que este dios vea todo mi cuerpo y me folle, todo lo que le apetezca y por donde le apetezca, cosa que tú nunca podrás hacer, pero debes de empezar por desnudarme.

Mi marido, muy obediente me desabrochó la cremallera de mi vestido y me lo quitó con delicadeza, yo me quedé con un conjunto de lencería rojo, que él también se encargo de quitarme lo primero el sujetador, mis tetas quedaron a la vista, noté como el chico me miraba con ganas, mientras el chico se había sentado en el sofá y se masturbaba para que su polla, por último, mi marido me quitó las bragas, de esta manera los quedamos los tres desnudos, en ese momento yo le dije a mi marido:

-¿Sabes cornudo?, me apetece tener cierta intimidad con este chico.

Y le ordené ponerse mi sujetador sobre sus ojos y colocárselo de tal manera que sus ojos no pudieran ver lo que pasaba, aunque el resto de sus sentidos si iba a estar presentas, una vez que el obedeció le hice sentarse en el sofá al lado, y yo me puse encima del chico y me fui sentando sobre él de manera que su polla quedara debajo de mi coño, y me fui agachando poco a poco, hasta que nuestros sexos entraron en contacto.

Sentir la polla de ese joven dios dentro de mi coño me resultó extremadamente placentero, se notaba que era una polla joven y vigorosa, entrar y salid de ella me estaba resultando muy placentero, supe que iba a probar muchísimas pollas de jovencitos hasta que mi coño no pudiera más, mientras mi marido estaba escuchando y oliendo lo que hacíamos, pero yo quería que tactara, así que cogí una de sus manos con la mía y la conduje hacia una de mis tetas, el entendió perfectamente mis deseos y comenzó a acariciármela. Mientras y seguía cabalgando la polla del chico, la sensación era muy agradable. Mientras yo le decía a mi marido:

-Venga cornudo ya que no sabes follar al menos intenta hacerlo bien acariciándome las tetas, quizás no tengas otra oportunidad de hacerlo en mucho tiempo.

Mientras yo estaba al borde del orgasmo y me corrí sobre la polla del chico, pero no estaba dispuesta a de salirme sin haber logrado que el se corriera, así que seguí cabalgando sobre su polla, el chico verdaderamente tenía una polla deliciosa, entrar y salir, pero yo notaba como cada vez estaba más excitado y uve claro que estaba al borde de correrse, cuando lo hizo llenó mi coño con su leche.

En ese instante decidí quitarle mi sujetador a mi marido de sus ojos, cuando los abrió yo puse mi coño cerca de ellos y le dije:

-Mira cómo me ha puesto de leche nuestro dios griego, y tú, que no eres capaz de ponérmelo así me lo vas a limpiar, túmbate sobre la cama.

Mi marido lo hizo y yo le puse mi coño sobre su boca, el comenzó a lamérmelo para dejármelo limpio, en ese momento yo llamé al chico para que se acercara y le dije:

-¿Qué le ocurre a esta cosa tan rica?

Me refería a su polla que tras nuestro polvo estaba arrugada, y cogiéndola con mis manos comencé a acariciarla, lo que la hizo reaccionar, pero yo no tenía suficiente con ello y me la metí en la boca, el chico se puso a gemir y dijo:

-Que bien la chupas.

Mi boca es tuya cuando quieras, dije yo, ya ves que no hay problema, añadí señalando a mi marido, que continuaba limpiando mi coño.

Y en esta postura estuvimos un tiempo, hasta que noté que mi coño se encontraba completamente limpio y entonces dije a mi marido:

-Nuestro invitado necesita que nos ocupemos de él.

Le dije al chico que se sentara en el sofá, y yo me arrodillé ante él y ordené a mi marido hacer lo mismo, en ese momento le dije a mi marido:

-¿Ves lo que es una buena polla, y no lo que tienes tu? Ahora me vas a ayudar a ponérsela en forma quiero volver a follar con él y aumentar un poco más tus cuernos.

Mi marido comprendió su misión y puso su lengua sobre los testículos del chico y comenzó a lamérselos, cuando esto ocurrió yo le dije:

-Venga cornudo, deja que nuestro invitado vea lo maricón que eres, chúpasela.

Como mi cornudo había aprendido el concepto de obediencia siguió chupando la polla de nuestro invitado mientras yo hacía lo mismo, y logramos que la polla del chico se volviera a poner en forma, cuando el chico sintió que se polla estaba a tope me miro y me dijo:

-Me encantaría metértela por el culo.

La idea me encantaba, así que le dije a mi marido:

-Cornudo ponte cómodo, va a ver lo que es capaz de hacer un hombre de verdad.

Mi marido se tumbó sobre la cama, yo me puse a cuatro patas sobre esta de manera que mi culo quedaba al borde de la cama, y mi marido pudiera ver cómo me la metían desde atrás, mientras el chico se levantó de la cama, su polla seguía dura como el acero, acercó su polla a mi culo de un golpe me la metió. Yo sentí una sensación increíble y solté un fuerte gemido, le pedía que continuara enculandome mientras yo le decía a mi marido:

-Fíjate cornudo como folla un macho de verdad y no un poco cosa como tú, por eso a él le entrego mi culo, mientras a ti solamente te meto un pepino en él.

El chico sin dejar de follarme, preguntó:

-¿Le metes un pepino en el culo?, jajaja

-Por supuesto, respondí yo, de vez en cuando me gusta que compruebe lo maricón que es.

Estuvimos así durante un rato hasta que el chico dijo:

-Quiero hacer algo que nunca he hecho en mi vida, pero no te pienses por eso que soy gay.

-Amor, dije yo, aquí tu eres nuestro invitado y nuestro dios, todo lo que te apetezca se hará y nadie juzgará tus deseos.

-Quiero metérsela a tu marido por el culo, contestó él.

La idea me hizo gracia y me reí, y tras pensarlo un momento, me pareció que la idea tenía su morbo, así que le respondí:

-Si ese es tu deseo mi amor, y dirigiéndome a mi marido añadí, ¿Oyes cornudo? Parece que nuestro dios quiere hacerte un regalo.

Después sugerí al chico que se tumbara de medio lado en el sofá y a mi marido ponerse en la misma postura delante de él, en esta postura el chico encamino su polla hacia el agujero de mi marido y de un golpe le introdujo en su interior, y comenzó a gemir, mi marido, aunque estaba acostumbrado a que yo le metiera por ahí toda clase de objetos dio un grito de dolor, que poco a poco se fue calmando para transformarse también en gemidos cada vez más intensos. Yo me senté a su lado y le dije:

-¿Verdad que te gusta cornudo?; Tu culo este teniendo la suerte de que un joven y bello dios haya deseado poseerle, así que disfruta de este honor, aunque te duela.

Pero la escena me estaba poniendo muy caliente, así que dirigiéndome al chico le pedí:

-Mi dios me gustaría rogarte una cosa, quiero que este cornudo maricón, mientras recibe tu polla en su asqueroso culo, me dé algo de placer a mí.

-Cariño como tú quieras, dijo el chico y dirigiéndose a mi marido le ordenó, oye cornudo haz lo que te pida tu mujer.

Mi marido me miró con cara de interrogación, la misma que se había acostumbrado a poner en nuestras sesiones de sumisión, y esperó mi orden, yo comprendiéndole le dije:

-Cornudo, chúpame una teta.

Mi marido alargó su cabeza hasta donde estaba mis tetas y abriendo su boca se introdujo uno de sus pezones dentro de su boca y como un niño comenzó a chupármele:

-Hazlo con más fuerza, inútil le grité.

No sabía que me producía más placer si sus labios sobre mi teta o el poder insultarlo y humillarlo delante de otra persona. El seguía chupándome las tetas, y aunque delante de él nunca lo reconocería me estaba produciendo un gran placer, al cabo del rato decidí que me apetecía algo más fuerte y le ordené:

-Cornudo, quiero que metas dos de tus asquerosos dedos en el interior de mi coño, ver como nuestro joven dios te rompe el culo me está dando mucho placer, y quiero que lo sientas en tus manos.

Ni que decir tiene que él obedeció, cuando lo hizo yo le dije:

-¿Ves cornudo lo caliente que esta mi coño viendo como nuestro dios griego te da por el culo? Para ti esto es un honor que no debes de olvidar nunca.

Mientras mi marido y yo sosteníamos esa conversación, el chico seguía dándole por el culo a mi marido, que pese a lo humillante de la situación se le notaba disfrutando, y el chico también, una vez más me estaba dando cuenta de lo absurdo de los prejuicios hetero u homo, ¿Qué más daba? Lo importante era que los tres lo estábamos pasando muy bien.

De esta manera estuvimos un buen rato hasta que el chico no pudo más al sentir que se venía me preguntó donde quería yo que se corriera, a lo que yo le respondí:

-En el culo de mi cornudo, por supuesto, cariño.

El chico haciendo lo que yo le decía continuó enculando a mi marido hasta que no pudo más y tras un gemido muy intenso se corrió dentro del culo de mi marido.

En ese momento yo ordené a mi marido salirse, era necesario hacerle una buena limpieza en la polla del chico, así que ordené a mi cornudo que le acompañara al baño y que allí, como correspondía a su condición de sumiso se encargara de la limpieza de su cuerpo, muy especialmente de su polla, ya que tenía que seguir metiéndomela, por mis agujeros. De esta manera los dos salieron del salón rumbo al cuarto de baño.

Me quedé sola en el salón, y en ese momento me di cuenta de que el culo de mi marido había soltado parte de la leche del chico por el suelo, cuando los dos volvieron, acerqué mi cara a la polla del chico, olía a perfumada, parecía que mi marido había hecho un buen trabajo, así que decidí premiarle con una nueva humillación y dándole una bofetada le dije:

-Cornudo mira como has puesto el suelo con la leche que se ha salido de tu culo. Límpialo ahora mismo con tu lengua.

Mi marido muy obediente se puso a cuatro patas, sacó su lengua y con ella limpio las gotas de semen que se habían derramado por el suelo y el sofá cuando lo hubo hecho le dije:

-Muy bien cornudo como premio vas a oír como este dios griego me folla salvajemente.

Le pedí que, a cuatro patas, dada su condición de perro me acompañara hasta nuestro dormitorio, y allí le hice permanecer así, luego a continuación me fui a la cocina, donde guardaba un trozo de cuerda para tender la ropa, le ordené a mi marido ponerse de rodillas y le até las manos a su espalda, y luego le dije:

-Disfruta de lo que vas a oír

Y a continuación me encaminé al salón donde el chico me esperaba, su polla se había recuperado, le pedí que se pusiera de pie y se la volvía a oler, no cabía duda de que estaba muy limpia, lo suficiente para inspirarme confianza, así que introduje esa polla en mi boca y comencé a mamársela, fue el principio de una tarde increíble, donde, ignorando la presencia de mi marido, el chico y yo disfrutamos a tope.

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