Disco

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—Un beso, mi amor, me voy a acostar.

—Un beso.

Cuelga la llamada, se levanta y va directo al closet. Se viste rápido, ajustándose bien la licra y subiendo el escote.

—¿Tú piensas salir? —pregunta su madre desde la cocina.

—Sí, mami, y él no tiene por qué saberlo.

Minutos después ya está en la calle, camino a la disco.

Lleva más de una hora bailando cuando la sed la lleva a la barra. Unos ojos la han seguido toda la noche. Él levanta una cerveza y se la ofrece.

Ella lo mira, sonríe. Se la toma sin apuro, su gesto lo invita a más.

El beep del móvil lo despierta. Medio dormido, lo toma y abre el mensaje:

“Mi amor, tengo un bicho enorme delante de mí, ¿qué hago?”

Sonríe con malicia y responde:

“Te portaste mal. Hoy solo la vas a chupar y a sufrir. No puedes acabar, solo tocarte un poquito. Y la foto, por supuesto…”

El teléfono de ella vibra. Lo lee, muerde su labio y sonríe.

Mira al tipo frente a ella, lo tiene ahí, caliente, con la pinga dura en la mano.

—Es lo que te toca y no hay más.

Se arrodilla y se la mete en la boca. Lo devora, lo chupa lento, lo traga. Su saliva brilla en su piel. Lo mira a los ojos mientras sigue. Saca el teléfono y tira la foto. Solo su cara y la pinga en su boca.

Otro beep. Él abre la imagen y sonríe antes de apagar la pantalla.

Ella sigue, lo siente desesperado, pero lo frena.

—Solo esto y nada más.

Lo succiona más fuerte hasta que todo queda en su boca. Se limpia con la mano y coge el móvil.

“Buenas noches, amor. En camino pa’ la casa. Un beso.”

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