Estaba muy nerviosa, el corazón me iba a mil. Era mi primera vez en un local liberal y hacía años que lo estaba deseando. Iba preparada vestida para la ocasión. Mi falda cortita de colegiala, una camisa blanca y nada de ropa interior. Fui a la barra y me pedí una copa, me senté en un taburete y empecé a observar quién estaba por allí tomando algo. Había un par de chicos de unos 30 años que me comían con la mirada. También había un hombre de unos 40 y pico que me clavaba su mirada con deseo.
Cogí la copa y le di un buen trago. Sin darme cuenta, el cuarentón se había puesto a mi lado y me dijo: “Hola preciosa!! ¿Eres nueva por aquí?”. Me moría de vergüenza y le dije que si.
Él se ofreció muy amablemente a enseñarme las distintas salas y explicarme cómo funcionaba aquello. Cogí mi copa y le seguí mientras atendía las explicaciones del caballero, que poco a poco iba pasando de cuarentón a madurito interesante; me estaba empezando a dar morbo y eso me hacía empezar a sentirme cachonda. Había unos sofás en la penumbra que él me dijo que eran los reservados, para gente que no le importaba disfrutar en público; la única regla era que no se permitía la penetración.
Mirando en uno de ellos puede distinguir a una chica o mujer (estaba muy oscuro) con dos hombres, uno a cada lado. Ella estaba masturbándolos mientras besaba a uno y a otro; tenían las pollas duras y bien grandes. Mirando esos dos pollones en sus manos noté que me empezaba poner muy muy cachonda.
Pasamos unas cortinillas y me dijo que ese era el pasillo de los baños. Me dijo que en el de mujeres había dos puertas que ponía “GH” y me explicó que eran dos puertas de Glory Hole. Al preguntarle que qué era eso se rio y me dijo que solo tendría que descubrir por mi misma y recalcó que es una de las zonas más concurridas y donde más disfruta la gente.
Luego pasamos por 4 cuartos donde no había puerta. Nos paramos en una que estaba ocupada por dos chicas y un chico. Me explicó que allí entraban parejas y si quien para en la puerta les gusta, son los que están dentro quienes tienen que invitar a la persona a entrar. Me fijé y me excitó mucho el ver que el chico de la habitación me miró, sonrío, me guiño un ojo y me hizo un gesto por si quería entrar. Me ruboricé y él cerró los ojos sintiendo una lengua en su glande y otra chupándole los huevos.
Yo ya iba cachondísima y me dijo que quedaban dos salas. La primera era una habitación con una cama redonda de unos 2 metros de diámetro. Era la sala de orgías, informándome que aún era un poco pronto (las 22.45 horas) y que luego se animaba; ya que todas las noches esa sala se solía llenar. Antes de llegar a la última sala, me dijo que era una versión de un cuarto oscuro, pero para más valientes. Entramos y se me fue todo el calentón.
Era una habitación con un colchón de 90 centímetros en el suelo, unas esposas y un pañuelo. Le pregunté si esto era en serio, y me dijo que sólo las más valientes y guarras se atreven a desnudarse, esposarse y vendarse los ojos. “Tienes toda la razón”, le dije. Me acompañó de nuevo a la barra y me dijo que si le necesitaba, él iba a estar por allí.
Los dos chicos no paraban de mirarme y cuando me sirvieron la segunda copa me armé de valor y me acerqué a su mesa. “Hola”, les dije… “¿venís mucho por aquí?”. Uno de ellos muy avergonzado dijo… “No, es nuestra primera vez aquí…”. “Pues ya somos tres… me puedo sentar con vosotros?”, les dije.
Dejaron un espacio entre los dos y yo me senté en medio. Me acordé de la chica de los reservados y puse cada una de mis manos en la entrepierna de ellos rozándoles el paquete. Ellos se intimidaron un poco, pero sonrieron y noté que no les desagradaba, ya que notaba cómo le iba creciendo un gran bulto entre sus piernas. Iba muy muy cachonda, pero ya me dijeron que en esas mesas no se podía exhibir ni hacer nada sexual. Estuvimos charlando un rato mientras yo frotaba por encima de sus pantalones sus pollas ya duras.
Cuando me di cuenta, el local estaba bastante lleno; yo diría que unas 30 personas o así, les dije que iba a ir al baño y que, si tenían suerte, volvería.
Fui al pasillo de los baños entré, oriné y luego, entre el calentón y el morbo decidí ver qué era eso de las otras dos puertas. Había dos puertas de otro color, rojo chillón, una enfrente de la otra y en cada una ponía GH. Decidí probar en una. Estaba cerrada. Pegué mi oreja a ver si oía algo… me pareció oír como golpes y algún gemido, o eso me pareció.
Cogí valor y abrí la otra. No había nadie. Era un cubículo de 1 m y medio por 1 m y medio con dos agujeros en cada una de las tres paredes. Había un letrero grande que ponía “Cierra con pestillo y disfruta”. Al cerrar el pestillo noté que los agujeros de la pared pasaron de no estar iluminados en el otro lado, a estar con una luz verde… supongo que será como avisar de que hay alguien disponible.
No esperé más de 30 segundos y ya asomó algo por uno de los agujeros. Era una polla muy blanca, delgada y flácida. No tardé en cogerla y acercarme a ella. Por ese agujero tenía total acceso a su polla y a sus huevos. Primero la froté de arriba abajo, suavemente… luego pasé mi lengua por su glande y la meneé más fuerte. Abrí la boca y me la empecé a tragar, lentamente. Oía sus gemidos de placer y eso me hacía ponerme más y más cachonda. Mientras se la chupaba y casi sin darme cuenta, apareció una polla muy grande y dura por el agujero que había enfrente.
La cogí con la mano que tenía libre mientras chupaba y masturbaba al primero. Me di cuenta que la gran polla de enfrente estaba a punto de correrse, entonces mi boca cambió de polla, porque estaba tan cachonda que lo que más deseaba era una buena ración de leche. Estaba en lo cierto, como pensaba, y después de metérmela en la boca un par de veces hasta el fondo, noté su leche caliente en mi garganta y la saqué para que me bañase la cara. Que morbo me da dar placer y notar que se corren en mi cara.
Pregunté si quería que me la tragara y escuché un tímido “si”… esa voz… mientras el primero ya se había empalmado… no era muy gorda pero sí de tamaño considerable… acerqué mi boca y empecé a lamerle suavemente el contorno del glande. Oí alguna voz y, de repente, salieron dos pollas más por la pared de enfrente de la puerta. Por el tamaño sospecho que fueron los dos chicos; pero eso yo, no lo sé.
Seguí chupando la delgada y larga polla mientras les hacía una paja a los otros dos. Noté que estaba a punto, con lo cual solté las otras dos y empecé a masturbarle fuerte y rápido con mi boca delante, abierta y preparada para saborearlo todo. Era delgadita era, pero menudo chorro me metió en la boca. Y encima yo, que soy muy viciosa y estaba cachondísima, me metí el capullo en la boca y se la meneé hasta que me dio toda su leche caliente. Cuando me giré para seguir disfrutando, las otras dos pollas habían desaparecido… jooo.
Volví a la barra, pedí otra copa y, ya que ahora sí que había gente y había ambiente, fui a explorar todo lo que me habían explicado… Fui directa a la habitación de la orgía después de pedirme otra copa. Había dos chicos y dos chicas follando fuerte entre ellos. Dejé pasar a una chica que se acercó a la cama se desnudó y se unió a la fiesta de la cama redonda.
La verdad es que me puso cachondísima ver cómo llegaba la nueva, besaba a una y a la otra y se agachaba para comerse uno de los rabos mientras el otro se le ponía detrás y le empezó a empotrar sin piedad. Cada vez notaba mi entrepierna más húmeda y tuve que irme de allí para no correrme.
Me acabé la copa y pensé… “si no me atrevo ahora, nunca me atreveré.”. Dejé el vaso vacío en una repisa y me fui, sin pensármelo, al cuarto del colchón, la venda y las esposas. Entré y me quité la ropa, rápido y sin pensar. Me puse una esposa, me vendé los ojos, puse mis manos en mi espalda, cerré la otra esposa y me senté en el colchón. No sé cuánto tardó en entrar la primera persona; pero, a mí, me pareció una eternidad. Oí unos pasos que se acercaban y me pareció oír una risilla contenida.
Oí una voz de hombre que me dijo… “Hoy vas a ser una perra… ¿es lo que quieres?“. Contesté que sí y noté una mano entre mis piernas, rozando mi coñito… Escuché cómo se abría una bragueta muy cerca de mi cara y, de repente, noté cómo entraba por mi boca una gran polla. Me la metió fuerte hasta la garganta y me dio una arcada. Me dijo que le escupiese, y así lo hice. “¡Quiero que la llenes de saliva perra!”, y yo obedecí escupiéndole y tirándole saliva en su glande.
Lo rodeé con la lengua y sintiendo mis babas en su polla, la recogía y las volvía a poner arriba. Me la metí en la boca y él empezó a meterme la fuerte. Me ordenó que abriese la boca y me dijo que si quería toda su leche dentro. Yo le dije que sí. Tenía mi boca abierta y oía y sentía que se la estaba meneando al lado de mi boca.
De vez en cuando me metía la puntita y la dejaba allí mientras se masturbaba. Le estaba lamiendo el borde del glande cuando noté que alguien me escupía en el coño, no te como pasaba su dedo y, de repente, ¡me estaba metiendo un gran pollón… ”Abre la boca!”… oí… obedecí y abrí mi boca. Notaba su glande en mi lengua y los movimientos que él hacía con su mano al masturbarse.