Capítulo 1: La espera

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2020
T. Lectura: 3 min.

Estuve esperando en la estación del Metro unos veinte minutos y ya los fluidos se empezaban a dejar caer por mi pierna derecha. No sé si por la cantidad o la dilatación de mi esfínter.

Ya no podía esperar más. Mi media estaba empapada y la vergüenza estaba apareciendo.

Había viajado por treinta minutos en esa moto hacia la estación y no estaba pensando en nada. “¿Ya vas a dormir?”, me preguntó Rey cuando me subí a la moto. Pero yo no pude responder. Estaba en pausa. Sólo volví a hablar para decirle que me dejara allí, en Andalucía. Rey entendía cuando yo no quería hablar. Y sabía que si me tenía que dejar ahí, era porque no quería que lo vieran conmigo.

Y ahí estuve hasta que Doni apareció en su ruidoso vehículo, aturdiéndome con su luz directo a mis ojos.

Yo estuve quieta hasta que él se acercó a mí. Se quitó la chaqueta y me la colocó a mí.

“¿Estás bien?”, preguntó arrugando la cara entre risa y extrañeza.

Asentí y lo abracé. Sus manos se posaron en mi espalda baja y su mano izquierda se deslizó despacio hasta el final de mi minifalda, llegando a tocar mi piel mojada.

“¿Leche?”, rio con malicia.

“Sí”, asentí empezando a temblar.

“¿Cuántos?”, dirigiendo sus dedos hacia el origen del viscoso líquido.

“Cuatro”, no podía mentir ni despegar mi frente de su hombro.

“Entonces fue una buena noche”. Apretó fuerte mi glúteo y terminó de limpiar su mano en mi rostro. “Vamos”, tomó mi mano y me dirigió hacia su moto.

Siempre me gustó de Doni que no le importaba nada, no disimulaba nada, sólo disfrutaba mientras me hacía sentir a salvo.

Me llevó a su casa. Me hizo entrar primero como siempre mientras dejaba a Terry, su moto, en la posición correcta. Yo esperé de pie, aun chorreando semen, en el medio de la oscura sala.

Doni no demoró en regresar a abrazarme, tocar mis piernas semidesnudas y advertirme que no siguiera dejando salir el lubricante, porque él no tenía del de tarro. Así que me esforcé por apretar para que no escurriera más.

Doni comenzó pronto a desnudarme. En un par de minutos me había dejado en el suelo, bocabajo, con sólo mi minifalda puesta.

Apretaba mi cintura con sus manos. Devolvía de repente alguna a mi culo en busca del espeso líquido para así llevarlo a mi boca y luego besarla desde su posición. Se separaba para escupir mi rostro y metía más profundo un par de dedos allí abajo.

Yo gemía intensamente aunque cansada y él sin preguntar, acercaba la punta de su llave a mi nariz. Yo inhalé con fuerza. Dos veces.

No había terminado de volver a respirar cuando Doni estuvo completamente dentro de mí.

“No importa cuántos, ni dónde ni cómo”, esa cuquita es mía.

“Sí, papi”, intenté decir con su mano tapando mi boca completamente con su enorme mano.

Dos de los largos dedos de Doni entraron a mi boca casi en su totalidad mientras sin preocuparse en más que su propio placer metía y sacaba sus 18-19 cm de carne erecta y cruda de mis entrañas cuatro veces ya preñadas.

Mis arcadas lo excitaban notoriamente. Su pene se entiesaba más cada vez que salía completamente y violentamente entraba en mí.

“¿Quieres más lechita, princesa?”, preguntó gimiendo como cuando ya está a punto de venirse.

“Sí, papi. Por favor dame tu lechita”, mi voz desesperada le rogaba que agregara más semen a mi colección de la noche.

Pero en lugar de eso, detuvo las embestidas enterrándose completamente dentro de mí, haciéndome sentir sus tibias y mojadas bolas en mi perineo. Y así, su caliente orine empezó a llenarme como un enema a chorro, violento como era todo con Doni.

El éxtasis en que me encontraba me hacía levantar el culo lo más alto que podía mientras Doni me sostenía con ambas manos la cintura para controlar mis movimientos y poder dejar todo de sí dentro de mí.

Me embistió un par de minutos más, ordenándome que apretara el culo hasta que al fin me pidió “puja, maldita perra, puja”. Y mientras sus meados calientes salían de mí con fuerza, su leche se disparaba en mi intestino. Haciendo temblar cada milímetro de mi piel.

Me besó una mejilla. Se levantó.

“Limpia antes de irte”. Y se fue a dormir.

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