Una noche muy distinta a las demás

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T. Lectura: 5 min.

¡Qué iluso fui al pensar que aquella noche iba a ser como las demás!

Como cada sábado, me preparé para ir a pinchar música al local donde trabajaba. Había estado toda la tarde en internet charlando con mis buenos amigos/as del chat y pasando unos ratos muy agradables a la par de, porque no decirlo, morbosillos. Lo único fuera de lo normal es que esa tarde no estaba por allí conectada una muy buena amiga de las que en ese chat son habituales. Pregunté, pero nadie me supo dar respuesta.

Tras acicalarme y ponerme mis mejores galas para la faena, tomé un taxi hacia mi lugar de curre. Hablando con el taxista sobre el tiempo y esas cosas triviales tenía una extraña sensación.

-¿Sabe usted esa sensación de que va a ocurrir algo, como un presentimiento? -le dije al conductor.

-Si hijo, espero que sea bueno. -Me contestó mientras aparcaba en la misma puerta del garito.

Y cerrando la puerta del taxi le dije -ya le contaré…

Entré en la cabina y tras saludar a mis compañeros me puse a hacer bailar a toda esa gente que tomaba sus copas y se relacionaban. Yo pensé que la única relación que iba a tener yo sería con mi mesa de mezclas, pero apenas a 1 hora del cierre un “¡hola!” en una voz sumamente sexy hizo que mi cuello girase rápidamente.

-¿Me puedes poner una canción, por favor?

Ante mí una carita de ensueño: unos ojos más que brillantes, una nariz de lo más sensual y unos labios más ardientes que el pitillo que se consumía en el cenicero. La pared de la cabina tapaba el resto de su cuerpo y haciendo gala de mi saber estar, aunque con la voz un poco entrecortada la pude contestar:

-¿Qué canción quieres?

Tras pedirme un éxito actual me sonrió y bajó su mirada con una caída de ojos impresionante.

Mientras me preparaba a ponerle ese tema que pidió pensé en la cara de pelele que debía haber puesto. No la volví a ver.

Cuando acabé la sesión y el local estaba cerrando fui al wc. Al volver a coger mis cosas para marcharme vi entre mi paquete de tabaco y el mechero un papel que yo no había dejado allí. Encendí un cigarrillo, abrí dicho papel y con una letra característica de mujer estaba escrito: “Muchas gracias por la canción (con mi nombre al lado) y a continuación una pregunta… ¿aceptarías otra petición? Y un poco más abajo las señas de un conocido hotel de la cuidad y un numero de habitación.”

Automáticamente pensé que mis compañeros me estaban gastando una broma, pero en ese momento sonó mi móvil. Llamada anónima, descolgué y esa voz tan sexy me dijo: -¿no vas a venir? -y sin darme tiempo a contestar colgó.

Me apresuré a llegar al hotel indicado. La recepcionista me preguntó dónde iba, le dije el numero de la habitación y tras mirar en sus papeles, sonriendo pícaramente, me dijo que adelante.

Subí hasta llegar a la puerta de la habitación y algo nervioso me dispuse a llamar, pero al golpearla suavemente esta se abrió. Estaba oscuro y solo se oía el ruido del agua en la ducha. Me descalcé y entré al baño. Miré a la mampara y adiviné en el cristal traslucido una silueta de mujer de lo más exuberante. Abriéndoseme la boca vi como una mano asomaba por encima del biombo haciéndome la señal de que entrase. Nunca había tardado tan poco tiempo en quitarme la ropa.

Entré, y ante mí, una increíble mujer de espaldas atusándose el cabello mojado por el agua que caía por ese curvilíneo cuerpo que al instante se dio la vuelta tornándose hacia mí. Un escalofrío recorrió mi espalda al ver que era la misteriosa mujer que me pidió la canción.

Tras un par de segundos mirándonos a los ojos ella me saludo por el nick que yo utilizaba en internet, y ella se presentó por el suyo. ¡No lo podía creer!, era esa amiga del chat que esa tarde no estuvo allí.

La cogí suavemente del cuello y comenzamos a comernos la boca de una manera que hacía que el agua de la ducha estuviera más y más caliente. Yo la deseaba desde que empecé a hablar con ella a través de la red. Todo el morbo que nos unía en el pc se estaba acumulando dentro de aquella bañera. Mis manos agarraron su cintura y con las palmas en sus duras nalgas empujaba su cuerpo contra el mío sin dejar de besarla. Ella hacía lo propio con mi trasero, apretándolo y jugando a la vez con su lengua y la mía.

Sus magníficos pechos se hundían en el mío provocándome un ansioso deseo de acariciarlos. Dándose la vuelta y siempre con el agua cayéndonos como lluvia abrasadora echó su cabeza hacia atrás apoyándola en mi hombro y dejó libres esos maravillosos senos para que yo pudiera disfrutarlos entre mis manos y notar como sus grandes pezones se endurecían sensiblemente a la vez que ella notaba en sus nalgas como mi sexo se ponía cada vez un poco más duro. Agarrando mi pene por detrás suyo comenzó a moverlo con su mano mientras su cuello era devorado por mí.

Agachándose y ya frente hincó sus rodillas en el suelo de la bañera y empezó a masajear mi glande con la punta de su lengua mientras con su mano acariciaba mi escroto haciendo que aquello se pusiera tieso de verdad. Cuando se metió mi miembro en su boquita yo creí estar en el cielo, pero aquello no era más que el principio de un viaje increíble.

Mamando y succionadme, ella acariciaba sus tetas al mismo ritmo que mi falo entraba y salía de su boca. Me estaba dando envidia, yo también quería comer.

Corté el agua y cogiéndola en brazos la llevé a la cama. La acomodé tumbada y ella lo agradeció abriendo de par en par sus piernas ofreciéndome ese delicado manjar que había entre ellas.

Presuroso me tumbé con mi cabeza entre sus muslos y delicadamente acerqué mi lengua para entretenerla con su clítoris mientras ella temblaba. Temblor que se hizo más fuerte cuando tras abrir sus rasurados labios mi lengua paso a saborear la entrada de esa caliente y húmeda cueva. Metiendo y sacando mi lengua de ese sabroso agujerito mis manos subieron a jugar con sus pechos. Viendo que estaba empapada no dude en incorporarme y acercar mi tieso miembro a su entrada sin que ella cambiase de postura.

Al penetrarla de aquella manera se erigió hacia delante poniéndome sus pezones a la altura de mi boca para que por fin pudiera mamarlos y saborearlos como si de 2 fresitas se tratara.

Dentro de ella y degustando tan sabroso manjar mis movimientos de cadera se convertían en más y más rápidos hasta que noté como su respiración se aceleraba y un orgasmo recorrió todo su cuerpo.

Me separó haciendo que saliese de ella y dándose la vuelta, se puso a 4 patitas ofreciéndome ese culito tan rico que yo me dispuse a comer sin poner objeción. Mis dientes mordían suavemente sus glúteos carnosos y mi lengua rozaba con suavidad su ano mojándolo un poquito para lo que vendría después.

Agarré sus caderas y coloqué la punta de mi sexo justo en la entrada de su coñito. Ella, en cuanto la sintió tan cerca no tuvo más que echar su culito hacia atrás para que aquel pene muy duro y tieso entrase hasta dentro. Que bien que tuviera mi pubis y mi escroto sin pelitos, eso hacía que tanto yo como ella sintiésemos mucho más los golpes de su culito en mi pubis y mis huevitos en su clítoris.

A un ritmo rápido y mientras ambos sudábamos y la habitación parecía hervir, los golpecitos en sus nalgas con mi mano y mis embestidas hicieron que ella tuviera su segundo orgasmo.

Yo no podía más que pensar en poseer su otro agujerito. Las ganas de meter mi erectísima polla en ese precioso ano eran patentes. Tras humedecer la zona con mi lengua y saliva y dilatarlo con mis deditos me dispuse a penetrarlo suavemente. Así fue, aquella sensación de fricción era increíble. Mientras movía mis caderas delante y atrás mi mano rozaba su clítoris a un ritmo frenético. Yo quería que tuviera otro orgasmo y sentir el orgullo de ser yo quien la estuviera haciendo gozar de aquella manera. Saqué mi miembro de su culito y lo metí de golpe en su coñito, follándolo lo más rápido que pude. Lo conseguí, sus gritos de placer decían todo, se estaba volviendo a correr.

Yo ya no podía más, iba a reventar y quería darle toda mi cremita. Ella sabía lo que a mi más me gustaba y colocando mi falo entre sus magistrales tetas las apretó y empezó a subir y a bajar hasta que yo, muriéndome de placer, en tensión y gimiendo de verdadero gusto me corrí en su cuello y carita dándole toda mi leche…

Después de mi orgasmo y tras una corrida más que generosa, que ella saboreó, nos quedamos los dos desnudos, agotados y sudorosos encima de la cama. Lo que pasó después… eso… elígelo tú…

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