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Control MentalC
Inquietantes relatos eróticos de control mental. Control de la mente para anular la voluntad con fines sexuales. Dominación psicológica.
RELATO DESTACADO
Control Mental - Pág. 7
Control Mental
Esclavo de ti mismo (C. 15) Quinta cacería (P. 2)
Esclavo encuerado.
Marcus entró al salón y observó a los cinco hombres arrodillados en el suelo. Alfonso se había vestido con una camisa azul claro, pantalón y chaleco negros que remarcaban lo magníficamente tonificado de su cuerpo. Sam usaba pantalones de cuero, botas y chaqueta de motociclista, bastante ceñidos que resaltaban su firme trasero y gran paquete. Sergio lucía un...
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Esclavo de ti mismo (C 14): Quinta cacería (P 1): hipnocopio
Era casi media noche y Mauro Mendosa se despertó al escuchar el fuerte chirrido del timbre. Se levantó de la cama aún algo adormilado, se aproximó a la ventana y miró a Nicolás y Sergio en la entrada de su casa.
Se frotó los ojos confundido y corrió la claraboya. Al percatarse del ruido Sergio alzó el rostro e hizo...
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Somnámbulo (Cap. 3): Novio, amante y esclavo
David se fascinó al estar delante de aquel delicioso macho. El norteamericano lucía un torso duro, limpio de cualquier clase de bello y con dos pectorales firmes como el acero, que deseó chupar enseguida. Pensó en que su cintura estrecha y sin el mínimo asomo de grasa constituían un espectáculo digno de una estrella del porno gay.
Scott avanzaba por...
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Esclavo de ti mismo (Cap. 13): Cuarta cacesortija de cristal
Nicolás Palacios bajó del Corvette tras estacionarse al lado de la galería de arte, en la entrada ya lo esperaban Sergio y Hércules.
-¿Cómo están cabrones? -Saludó el mexicano.
-Han sido unas semanas bastante cansadas. Custodiar a ese par de modelos presuntuosos en la semana de la moda, nos dejó fatigados. -Contestó Sergio con tono calmado.
-¡No tienes idea del infierno que...
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Esclavo de ti mismo (Cap. 12): Tercera cacería: Narcosis
Pasaron veinte minutos sin que ningún ruido se escuchara, excepto el tronar de la madera al ser devorada por las llamas. Hércules y Sergio dormían profundamente y sus respiraciones eran casi imperceptibles. De pronto, una sombra se deslizó desde los árboles y la figura de Marcus reapareció alumbrada por el brillo de la luna.
Sonrió retorcidamente al contemplar a sus...
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Somnámbulo (Capítulo 2): Alcohol
David y su cuñado llegaron al pent-house tras una noche de juerga con los compañeros de Scott.
-¿Qué tal te cayeron Eliot, Rolando, Reven, Brandon y Warren? -Preguntó Scott bastante borracho, mientras se tambaleaba en la entrada para encender la luz.
-Lástima que ninguno es gay. La verdad que tienes unos amigos, con unos culos y unos cuerpos, ¡qué Woo! -Contestó...
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Esclavo de ti mismo (C. 11): Tercera cacería: El campamento
Sergio colgó el auricular y azotó el puño contra el apoyabrazos del sofá. Escuchó que su amigo griego discutía también a través de su móvil en la cocina. Reconoció la conversación, pues era muy semejante a la que acababa de tener con Pam.
-¡Sí así lo quieres, entonces terminamos!, ¿No, Andrea, ¡No estoy para soportar tus celos!, ¿Así, si así...
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Esclavo de ti mismo (Capítulo 10): Preludio
Hércules Caetron dejó caer las pesas al suelo y dio por terminada la rutina. El sudor perlaba su bronceada piel, la cual destelló a la luz de las lámparas del gimnasio, mientras la música tecno sonaba fuerte en los altoparlantes.
Sergio Castelli le extendió a su amigo una toalla, el griego la aceptó y empezó a secarse el torso descubierto....
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Esclavo de ti mismo (C. 9): Entre sus brazos
Marcus succionó la boca de Sam, mientras el ojiazul profundamente hipnotizado deslizaba efusivo las manos sobre el cuerpo desnudo de su Amo.
La frescura del agua de la piscina contrastaba increíblemente con aquel acto tan sexual, aunque para Marcus resultó un verdadero deleite tener a ese macho escultural a su merced y nadar con él a la luz del atardecer.
-Mi...
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Esclavo de ti mismo (C. 8): Zombi sin voluntad (Parte 2)
Marcus cerró la llave de la ducha. Contempló satisfecho a su esclavo sonámbulo tomar con gran esmero y entrega una toalla del armario de blancos para secarlo, y tras unos momentos de frotarlo con adoración, lo vistió con una bata.
-Bien hecho, veo que tus tareas las tienes perfectamente aprendidas. Puedes secarte ahora. Cuando termines, quiero que guardes la pistola...