Qué tal, lectores. En esta ocasión quisiera relatarles una experiencia nueva para mí, que viví en una clínica de masajes con un joven masajista que me llevó a conocer algo nuevo para mí: el placer inesperado de un masaje.
Hace un par de años yo sufría bastante de dolores de espalda por la mala posición a la hora de trabajar (soy personal del sector salud) por lo que mi novia (ahora mi esposa) me recomendó que acudiera al spa de un conocido suyo el cual le daba servicio de masajes muy profesional. Yo muy feliz de atender su recomendación hice cita. El día se llegó y acudí a dicho spa, siendo recibido por un hombre de más o menos mi edad (35) o un poco mayor que yo, quien muy amable se presentó, me invitó a beber un poco de té y me pidió que me pusiera cómodo en un vestidor para posteriormente pasar a una camilla ya sólo vistiendo mis bóxers.
Después de una pequeña conversación donde le hice saber sobre mis dolores, me pidió que me relajara mientras se ponía manos a la obra, por lo que yo me limité a asentir y colocarme boca abajo en la camilla, preparándome para disfrutar del masaje.
Hasta el momento todo normal, la persona, de nombre Carlos, comenzó a masajear mi espalda, mis hombros con intensidad moderada preguntando cada cierto tiempo si todo iba bien, a lo cual yo muy relajado respondía que todo iba de maravilla. Conforme Carlos trabajaba sobre mis contracturas, yo me olvidaba del dolor y me dedicaba a disfrutar la sensación de relajación y alivio que me proporcionaba con sus manos, hasta ahí todo era un masaje cualquiera, yo seguía respondiendo de forma corta cuando me preguntaba cómo me sentía.
Pasados unos 20 minutos, me comentó que pasaría a trabajar a mis muslos, pantorrillas y pies, a lo cual asentí. Carlos sabía lo que hacía, con movimientos circulares recorría de arriba a abajo toda la superficie de mis piernas y yo me preguntaba si a mi novia le iba así de bien cuando acudía a sus masajes. En esos pensamientos estaba yo, cuando me empezó a rondar una imagen muy morbosa de mi chica en esa posición recibiendo ese masaje, me preguntaba si ella lo disfrutaba de aquella manera o por ser un hombre quien le daba el masaje le pudiera despertar algún pensamiento diferente, algo más libidinoso, algo más sexual.
Aquellos pensamientos y mi imaginación comenzaron a jugarme en contra (o a favor), porque comencé a tener una ligera erección y agradecí estar boca abajo porque en ese momento me hubiera dado bastante pena que Carlos viera aquel bulto y pensara que lo provocaban sus movimientos sobre mis piernas, en fin, solté una pequeña risita y me dediqué a disfrutar mi masaje.
Todo normal, hasta que Carlos comenzó a masajear la parte interna de mis muslos y por ahí en algún movimiento yo sentía sus manos acercarse a zonas más sensibles que casi me daban cosquillas, me moví un poco y él, al notarlo, me preguntó: “¿todo bien ahí? ¿te he lastimado?”. Yo respondí: “claro que no, Carlos, todo super bien, continua”.
Yo comencé a preguntarme qué tan seguido les pasa a los masajistas que por accidente toquen alguna zona más privada de sus clientes, bueno, yo me imaginaba que era algo normal y que no había mala intención de por medio y nuevamente me cruzó por la mente mi novia acudiendo a esos masajes, ¿cómo reaccionaría ella? pensamiento que me volvió a generar una sensación muy morbosa, me comencé a excitar poco a poco pensando eso, ¡estaba teniendo una erección aún más intensa!
En eso estaba cuando sucedió lo que yo me preguntaba, hubo un roce rápido por encima de la toalla en la zona de mi entrepierna. Como yo estaba boca abajo, el roce fue en la zona de los testículos, pero desde atrás, cosa que me hizo sentir algo extraño en toda el área, “podría estar seguro de que se sintió bien”, pensé. Carlos se disculpó y yo inmediatamente le comenté que no había problema, que era seguro algo que solía pasar, pero que no se preocupara. En primera intención le comenté eso sólo para que no se preocupara y nada más, pero no sé cómo lo tomó él, en fin, me dijo que levantaría un poco mi toalla para descubrir los glúteos y poder dar un masaje en la zona.
Asentí deseando que por ninguna zona se notara que yo tenía una erección, aunque estuviera boca abajo y mi pene estuviera ligeramente inclinado a la izquierda, por lo que yo imaginaba que no se notaba. Yo me estaba preocupando de con tanto pensamiento que cruzaba mi cabeza el masaje se tornara en placentero, pero en una forma más erótica de lo normal, solté otra risita. Carlos comenzó a aplicar movimientos circulares y yo comencé a balancearme con esa presión que aplicaba sobre mí. En algún momento volvió a la zona entre mis piernas y poco a poco yo sentía que sus dedos ligeramente rozaban mis testículos con más frecuencia. Él me susurró: “si algo te molesta me dices para detenerme”.
No sé, pero ya eso estaba siendo bastante exótico para mí, pero nunca le pedí parar. La verdad es que estaba sintiendo muy bien todo aquello, estaba muy excitado. Los roces se convirtieron en un masaje directo a mis testículos y yo poco a poco iba abriendo mis piernas para facilitarle el trabajo, era una sensación increíblemente excitante, mi pene ya estaba totalmente erecto y me volvía incómodo el estar boca abajo. Estoy seguro de que lo notó y me pidió que levantar un poco la pelvis, acto seguido tomó mi pene y lo bajó, quedando apuntando totalmente hacia abajo. ¡Comenzó a masajearlo y para mí fue un mar de placer, eso se sentía increíble!
Ya en ese punto yo me encontraba totalmente perdido en excitación, no detendría nada de lo que pudiera pasar. Carlos se movió de modo que sentí que recargó algo sobre mi mano, era su miembro totalmente erecto por debajo de su pijama quirúrgica mientras seguía masajeando mi pene y testículos al grado de casi hacer que me venga. Yo toqué aquel miembro por encima de su ropa y un momento después estaba sintiendo un calor más directo sobre mi mano, se lo había sacado del pantalón.
Se levantó un poco de modo que sentí sus testículos palpitando sobre mi mano y ya totalmente dejándome llevar, los comencé a acariciar alternando con el pene de vez en cuando. Un momento después, Carlos vertió aceite de masaje sobre mi mano y la tarea se facilitó, frotándose sobre mi mano mientras yo palpaba aquel pene erecto y aquellos testículos de gran tamaño.
No habíamos dicho ni una palabra durante todo aquello. Entonces él me pidió que me pusiera boca arriba, lo hice. Ahora tenía acceso total a masajear mi miembro y lo hizo con maestría. Volvió a moverse de lugar y ahora me puso su miembro al lado de mi cara, yo no abría los ojos pero sabía que estaba ahí y sabía qué era lo que seguía: abrí la boca y comencé suavemente a lamer su glande, su tronco, sus testículos depilados. Era algo demasiado placentero y morboso, durante todo éste tiempo yo me preguntaba si así eran los masajes con mi novia y no me molestaría para nada que ella se relajara de la misma manera que lo estaba haciendo yo.
De repente en un movimiento rápido se subió a la camilla encima de mí, quedando en posición de 69, metiéndose rápidamente mi pene en su boca, acariciando con su lengua de arriba a abajo en ocasiones, también acariciando mis testículos y alternando entre ellos y mi pene con su lengua, labios, con su mano. Me volví loco, era demasiado placer. Hice lo propio con mi boca y mis manos por unos minutos hasta que Carlos se levantó, bajó de la camilla y comenzó a masturbarse frenéticamente, lanzando un gran gemido seguido de unos potentes chorros de semen que fueron a dar en mi pecho, mi cuello, hasta en mi cara.
Después tomó mis testículos con sus dedos y con la otra mano comenzó a masturbarme. No tardé en sentir una oleada de placer super intenso, increíble y me vine a chorros sobre sus manos.
Nos quedamos unos segundos quietos y él rompió el silencio diciendo: ” creo que ya no estarás tan contracturado”, riendo juntos un momento.
Salió del cubículo, me vestí y nos despedimos. Quedé de acudir junto a mi novia la siguiente, me prometió un masaje muy especial para ambos.
Me fui a casa con un pensamiento en la mente: cómo abordaría el tema con mi novia y cuándo podríamos agendar nuestra cita.
Excelente, yo deseo tener seguido masajes con Final feliz. Pero no he logrado todavía. Ojalá encuentre en mi ciudad.
Excelente tu plática, yo he estado recibiendo masaje relajante de un amigo de SLP y es muy bueno en lo que hace, siempre terminado con mi amiguito en su boca y es delicioso; he ido a otro lugar con unas chicas, 43 y 23 años, y no ha llegado a tanto, pero sí a erección y a que ellas lo han notado y nomás les da risita….Gracias por compartir, saludos.
Uff, recomienden el lugar y el masajista, siempre es necesario desestresarse. Linda historia. Se antoja.