Mi primer amo

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Seguía en mi búsqueda de una ama, una dama que volviera a hacerse cargo de mi instrucción. Pero la cosa venía difícil, la ley de oferta y demanda juega feo contra mis deseos y necesidades jaja. Charlé con muchas personas, sumisas, sumisos, y algunas señoras, anduve obedeciendo a algún caballero, pero aún no estaba preparado para dar el salto. Soy hetero, nunca me calentaron los hombres, pero siempre me resulto muy morboso tener que entregarme a uno, teniendo en claro que había cosas que por las buenas no pasarían.

Tuve experiencia de homo forzada con una ama, donde fui tomado por un caballero atado de pies y manos en una cama. Pero entregarme a uno es muy diferente, y mi cabeza y gusto luchan contra el deseo. Luego de esa experiencia pensé que no me traumaría hacerlo, pero tampoco va tan fácil la cosa, prejuicios que no sabía que tenía, y cosas que hay que asumir dan vuelta y más vueltas en mi cabeza y hacen que vaya más lento de lo que suponía. Apareció un caballero con buenos modales, charlamos, tenía las cosas claras, mucho más de lo que yo las tenía.

Se hizo de paciencia y supo llevarme, con juegos, con pedidos, con tareas. De a poco mi cabeza comenzó a ceder, y llegó su primer pedido serio, algo que me haría sentir sumiso y algo que me haría recordar que comenzada a ser de alguien. Me ordeno comprar una Jaula metálica para tener guardado mi pene y una joya anal grande para tener lleno mi culo. Sin chistar me encontraba recorriendo la web, buscado modelos para que pudiera decidir cuáles eran de su agrado. Eligió una jaula bastante pequeña, sabía perfectamente que la iba a sentir, que iba a tener que olvidarme de mi hombría.

El plug, debía ser una joya anal, pero de tres bolas, era grande y largo. Sin lugar a duda se iba a sentir profundo. Realicé los mandados con premura, la vergüenza de comprar esas cosas es parte de sentirse sumiso, salir con la bolsita en la mano y sentir el deber cumplido es increíble. A la mañana recibí a mi amo con la foto de lo comprado, con la alegría de saber que le iba a gustar que sus pedidos habían sido realizados. Así fue, felicitó la rapidez y ordeno, ahora quiero verlos a ambos puestos. Me fui al baño, con la jaula en la mano pensaba, una vez puesta había cedido, habría entregado mi cabeza y mi masculinidad.

No lo pensé demasiado, no era momento de pensar, si lo hacía se me iba a complicar y debía cumplir, simplemente cumplir. Puse crema en mi pene tal cual se me había ordenado y no con pocos problemas puse mi pene en su jaula, fría, dura, pesada. Se sentía raro, pero por sobre todo mi cabeza se sentía rara. Puse el celular a grabar, tomé el plug, me lubriqué y filmé la primera vez que me lo puse. Era duro, frio, intenso y profundo, ingresó sin problemas sacándome un pequeño gemido. Volví a vestirme y retorné a mi puesto de trabajo. La jaula se sentía incómoda, no podía acomodarme, tocarme, mi pene ya no me pertenecía.

Y al sentarme, por favor, lo que se sentía ese plug metálico dentro mío. Todo me recordaba que tenía dueño. Mandé las pruebas de mis tareas y continué con mi trabajo. Estaba incómodo, y sabiendo que esta iba a ser mi nueva vida. Me escribe y felicita por la proactividad en el video. Me gusta obedecer, odio los castigos, aunque tengo claro que son un derecho. La ordenes seguían y luego de una semana, ya utilizaba plug, jaula y pinzas de pezones durante toda mi jornada laboral. Podía coger, pero tenía prohibido acabar. Maldita jaula, la odiaba, ya no tenía masculinidad, para orinar debía sentarme, odiaba eso, por sobre todas las cosas.

Me costó un tiempo asumirlo, al principio aguantaba para no ir al baño, cosa que obviamente al final terminaba haciendo. Era la lucha entre mi cabeza y mi deseo, ni más ni menos. Mi cabeza comenzaba a ceder, él se daba cuenta. Me había dicho de entrada vos vas a rogar verme, vas a pedir que te sesione. Y lo que antes me parecía imposible, ahora era una realidad. No aguantaba más, necesitaba que todo este juego se concrete en una sesión. Debía darle sentido a semejante tortura, mi deseo y calentura estaban a pleno. Pero pedir que me sesione implicaba que él iba a tomar lo que es suyo, lo que le pertenece.

Sabía que por las buenas no iba a suceder y eso le generaba más morbo y deseo. Para mí era terrible tener que pedirlo, pero así lo hice, pedí verlo y que me sesione. Estás seguro consultó, mientras comenzó a enviarme gif, con caballeros sodomizados por la fuerza, atados de pies y manos y siendo tomados. Se me hacía un nudo en la garganta al verlos, pero usarme era su derecho. Y siguieron los gifs, hombre atado con las manos detrás de la espalda un ring gag puesto y siendo obligado a satisfacer con su boca a su amo. No podía escribir, no me salía nada estaba petrificado, sabía que iba a suceder de esa forma, sabía que por las buenas o por las malas él iba a obtener lo que quería.

Todo era nuevo, todo era diferente, decidí callar mi cabeza y hacerle caso a mi morbo. Deseaba entregarme y lo haría, sí señor contesté estoy seguro. Él puso fecha y lugar, ya no podía ir hacia atrás, solo quedaba entregarme a mi dueño. Siguieron los juegos, junto con mi rutina diaria. Mi pene ya acostumbrado a su jaula, mis pezones vivían hinchados por las pinzas que usaba a diario y que solo de a ratos permitía que las retirara. Sabía que esos pequeños dispositivos me ponían más receptivo, o más putita como le gustaba decirme. El plug intenso en mi culo, me recordaba que tenía dueño.

Hoy era el día, estaba tan aterrado como lleno de ganas, hoy debía entregarme, o mejor dicho sería tomado. Arranco como todos los días, baño, jaula en su lugar, pinzas, plug y una foto para indicar que realicé mi tarea. A las 11, me ordena retirar el plug, sin decir más. Mi cabeza estallaba, me daba cuenta de que hoy sentiría otra cosa, y que su orden era para sintiera con intensidad. Fui al lugar indicado y nos encontramos, no me salía la voz, estaba simplemente mudo, aterrado. El reía, intentaba sin mucho fruto calmarme, antes de ingresar al hotel me dio una última oportunidad.

A punto estuve de tomarla y salir corriendo, pero dije que no, que todo estaba bien. Ingresamos, tomamos algo tranquilos, repasamos palabras de seguridad, dio algunos detalles, y ordenó que me desvistiera. Quedé en calzones, el me rodeo y observó, apoyó mis manos contra la pared, abrió mis piernas, bajó mis calzones y dejó sus manos marcadas en mis nalgas. Al oído me dijo, desnudo es desnudo, sino hubiera dicho en calzones. Me incorporé, retiré mi prenda y volví a ponerme en posición. Dos manos más reforzaron la idea de que debía obedecer lo que pidiera.

Tocó la jaula, te queda hermosa dijo, tiró de mis pinzas haciéndome rogar que parara. Ordeno que me pusiera con las manos sobre una mesa, y así lo hice. Me apoyó el mentón, y con un toquecito en mis tobillos abrió mis piernas. Aclaró siempre que estes delante de tu amo las piernas las vas a llevar abiertas. Si ordeno pared, ya sabes, como ponerte si ordeno mesa también, y si ordeno cama, la posición de una putita es con las piernas abiertas el culo para afuera y el pecho apoyado. Solo así estas bien disponible para ser utilizado. El corazón me latía a mil, podía sentirlo hasta en mi jaula.

Me ató de manos y pies, de un bolso sacó, floguer, palmeta, ringgag y algunas cosas más que no podía ver. Me recordó algunas faltas que en ese momento iban a ser corregidas, tomó el floguer, comenzó suave sobre mi espalda, y terminó duro sobre mis nalgas, sacándome algunos gritos. Me dio unos segundos, y tomó mi culo con sus manos, fuerte, dolía, rogué que soltara y lo hizo. Tenía todo sensible, así me quería y así me tenía. Tomo la palmeta, y antes que pudiera decir nada coloreo con poca delicadeza mi lado izquierdo, chillé, rogué, se me vencieron las rodillas y quedé colgado.

Con paciencia esperó que vuelva a mi lugar. Y emparejó el color. Fue intenso, me hacía sentir que la cosa iba en serio y que si no cumplía iba a obtener más de esto. Se retiró un poco, abrió mis nalgas y dijo, tienes el culo muy cerrado, hoy me vas a sentir lindo, pero vas a trabajar en tenerlo más abierto ya te voy a indicar como, sí señor contesté, mientras lubricaba mi ano. El corazón se me aceleraba, no podía creer lo que estaba pasando, iba a tomar lo que es suyo. Yo estaba atado, expuesto, sin posibilidad alguna de defensa y sin fuerzas para hacer nada. El castigo me había dejado simplemente entregado.

Se puso un preservativo, me tomó del pelo y al oído me dijo, ahora es cuando putita, vas a sentir a un hombre dentro tuyo. Apoyó su pene sobre mi raya se acomodó, y me penetró de una y hasta el fondo. Grité, grité fuerte, mis manos se aferraban a la mesa. Él se quedó quieto, el culo me latía, y sentía su pene duro y caliente dentro mío. Ya estaba hecho ya era suyo, me dio unos segundos y comenzó a cogerme, lo hizo como le vino en ganas, me hizo gemir, gritar y suplicar. Intercambió sutiliza, con penetraciones profundas y fuertes que siempre sacaban un grito.

Cogió con ganas y vigor, un buen rato, a esa altura rogaba que acabara, ya no aguantaba más. Me tomó de las caderas, aumentó el ritmo, y ante mis gemidos acabó. Podía sentir su pene latir dentro mío. Todo había terminado, ya era suyo, aunque tenía claro que esto solo era el principio…

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