La tía de mis primos (parte I)

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Tiempo de lectura: 10 minutos

Esta historia es ficticia y está basada en una de mis tantas fantasías con la tía de mis primos.

Todo empezó un fin de semana en la casa de playa de mis primos. Yo tenía 21 años y recuerdo todo como si fuera ayer: mis papás me dijeron que el fin de semana irían a la playa con mis tíos, lo que automáticamente significaba que podría organizar una fiesta con mis amigos en su ausencia. Pero luego de enterarme que Katy también iría, me olvidé de cualquier posible fiesta. Mis papás no podían creer que yo acepté acompañarlos a pesar de que no habría nadie de mi edad con quien convivir (mis primos eran bastante menores que yo). Pero la oportunidad se presentó y yo era un hombre con una misión: reencontrarme con ese olor tan excitante, ya que el calzón cachetero de Katy había perdido su magia y, luego de muchos intentos fallidos, nunca volví a encontrar un calzón usado por Katy en la canasta de ropa sucia de su casa. Así que cuando mis papás me preguntaron si los acompañaría, sin pensarlo dije que sí.

Katy es la hermana de mi tía política. A pesar de no ser familia, siempre la consideré como mi tía, pues mis tíos siempre la invitaban a ella y a su esposo a todos sus eventos. En esos eventos descubrí que Katy era una MILF. 42 años, piel morena clara, pelo castaño hasta los hombros, ojos cafés, estatura baja-media, caderas anchas, buena curvatura, y pechos naturales. Para muchas personas Katy no sería la típica MILF, pero para mí siempre fue un 10 de 10. Así que ni loco dejaría pasar la posibilidad de verla en traje de baño y oler lo que sea que ella usara en esa ocasión.

El sábado, mis papás me hicieron madrugar para así poder llegar a la playa antes del mediodía. Siempre odié madrugar, pero en esa oportunidad no puse ni un "pero". No podía esperar a llegar. En el carro de ida ni hablé con mis papás. Me puse mis audífonos, fingí estar dormido, y no dejé de fantasear con los panties de Katy. En una ocasión que entré a su closet, descubrí una tanga tejida color celeste, y un calzón rojo con puntos blancos compuesto por dos partes conectadas a través de unos aros de madera (imaginar que esos aros se pegaban a su piel me excitaba tanto). No había cosa que deseara más que una de esas prendas usadas por Katy. Aunque más adelante me reencontré con esas prendas, lo que sucedió ese fin de semana superó cualquier fantasía.

La casa de mis tíos está ubicada en uno de los residenciales más exclusivos de una playa de Guatemala. La casa tiene 7-8 cuartos, piscina, un amplio jardín, y un "rancho" con un comedor para más de 20 personas y múltiples espacios para convivir (un bar, salas, y hamacas). La estética de la casa nunca me gustó mucho, pero luego de ese fin de semana, no hay día que no piense en ella y lo que allí comenzó.

Cuando por fin llegamos a la casa, todos ya estaban allí. Al entrar, inmediatamente vi que Katy tenía puesta una calzoneta color corinto de cuerpo completo. Fue la primera vez que le vi las piernas. A pesar de que tenía puesta una camisa y no pude verla bien, sentí una urgencia por masturbarme que nunca antes había experimentado. No lo pude hacer porque mis papás de pidieron que por favor saludara a todos los presentes y que conviviera con mis primos al llegar. Desde que llegamos, estuve esperando la oportunidad perfecta para "atacar".

En la piscina, mi primo me contó que todos (incluyendo a Katy) habían llegado el día anterior desde temprano, lo que aumentaba las posibilidades de que, en alguna parte de la casa, un panty usado por Katy estaría esperando por mí. Con mucha discreción, averigüé en qué cuarto había dormido Katy. No podía controlar la erección que tenía. Decidí que me iría a masturbar al primer baño que encontrara. De la nada, la ocasión perfecta se presentó. Escuché a mi tía decir "ya está servido el almuerzo, a comer". Para mi suerte, el almuerzo estaba servido en el rancho, a unos 10 metros de la piscina y lejos de la casa.

Cuando vi que todos estaban en el rancho, grité "ahora vuelvo, empiecen sin mí". Era la oportunidad perfecta. Entré a la casa lo más rápido que pude. Memoricé que Katy había dormido en el cuarto del fondo de la izquierda. Entré al cuarto y me dirigí al baño. Antes de entrar al baño, había un corredor con un closet. Allí, en una de las estanterías, había un maletín rojo. Asumí que era de Katy y lo abrí sin pensar. Lamentablemente, el único calzón que había estaba limpio. "Tiene que haber otro" pensé, así que me dirigí hacia el baño. Al entrar, se me detuvo el corazón. En el grifo de la regadera estaba colgado un calzón gris de encaje. Al agarrarlo, sentí que estaba húmedo, pero no me importó. Me llevé el calzón a la cara, pero no olí otra cosa que no fuera jabón. No lo podía creer. Tanto tiempo esperando este momento para irme con las manos vacías.

Luego, volteé a ver el colgador de toallas y vi una calzoneta negra de cuerpo completo. Toqué el traje de baño y lo sentí húmedo; asumí que también estaría limpio y decidí abortar la misión. Estaba a punto de salir del baño cuando mi propia curiosidad me exigió regresar a probar suerte con el traje de baño. Lo tomé de la parte inferior, estiré la tela lo más que pude e inhalé con todas mis fuerzas. ¡BINGO! Después de tanto tiempo, por fin me pude reencontrar con ese olor tan peculiar y excitante. Mi erección fue automática.

Me bajé los pantalones de inmediato. Una necesidad de masturbarme me invadió por completo. Me sorprendí del tamaño que tenía mi pene. Estaba más grande que nunca y la punta estaba cubierta de líquido pre-eyaculatorio. Me llevé la calzoneta a la cara con la mano derecha y empecé a masturbarme con la izquierda. Inhalaba como un desquiciado, mientras me imaginaba la vagina de Katy reposar ese pedazo de tela que yo tenía en mis manos. Eyaculé en cuestión de segundos. No me pude resistir a tan excitante olor. No tuve ni tiempo de ver dónde había acabado. Debió ser por todos lados puesto que tenía la mano repleta de semen.

Inmediatamente, pensé en llevarme la calzoneta a mi cuarto, pero sería demasiado obvio. Luego, al ver que mi erección continuaba y que mi cuerpo me pedía más, continué frotando mi pene. Esta vez, empecé a succionar con mi boca para intentar probar a Katy. Mientras tomaba aire y de forma involuntaria empecé a gemir, diciendo en voz baja, "que rico, Katy, que rico". No puedo describir el olor. No se compara con las otras MILFs que he podido oler. Lo que más me excitó era que el olor era extremadamente potente, como si Katy hubiera usado el traje de baño por días. Perdí la noción del tiempo y me olvidé de que tenía que ir a almorzar con mi familia.

"Clack". El sonido de la cerradura me devolvió a la realidad. Sentí pánico; alguien me iba a descubrir. En eso, ese alguien tocó la puerta y preguntó, "¿hay alguien allí?" No sabía que hacer. En una mano mi pene y en la otra la calzoneta. Ambos llenos de semen. No sé cómo, pero la calzoneta estaba atravesada por una línea vertical de semen. Empecé a entrar en pánico. ¿Qué pasa si es el esposo de Katy? ¿Qué pasa si es ella? ¿Le dirían a todos lo que me descubrieron haciendo? Como pude, respondí con una voz titubeante "ahora salgo".

Asumí que lo peor pasaría y que me tocaría vivir el momento más vergonzoso de mi vida. Sin limpiarme, me subí la calzoneta y abrí la puerta. Al salir, estaba Katy de pie esperando entrar al baño. Me vio con cara de extrañada pues ella sabía que yo no tenía nada que estar haciendo en "su" baño. Sin hacer contacto visual y con una voz quebrada, le dije "perdón". No escuché si ella dijo algo o no. Salí corriendo como pude.

Llegué al rancho donde estaban todos. Estaba temblando y con las palpitaciones muy elevadas. Me serví lo primero que encontré de comida y me senté en la mesa con mis primos. Al día de hoy, no recuerdo qué comí. Sólo pensaba en el episodio que, según yo, estaba por desatarse. Sin embargo, empezaron a pasar los minutos y no había señales de Katy. Desde mi silla podía ver la puerta corrediza de donde emergería Katy. Intenté distraerme integrándome a la conversación de Pokemon que mis primos estaban teniendo. Justo cuando iba a explicar por qué siempre elegía a "Charmander" como mi Pokemon inicial en el videojuego, vi a Katy caminar hacia nosotros. Me quedé paralizado. Bajé la mirada esperando lo peor y sin poder articular cualquier "defensa" para mi comportamiento.

En ese momento me percaté que Katy tenía puesto el traje de baño negro con el que yo me acababa de masturbar. Mi nerviosismo aumentó cuando recordé que ni siquiera tuve la decencia de regresarlo al lugar donde lo encontré; lo dejé tirado en el suelo luego de intentar devorarlo. "Mierda. Seguro se lo puso para enseñarle a todos lo que hice con su traje de baño y avergonzarme aún más" pensaba en mi interior. Pero nada ocurrió. Katy se sentó al lado de su esposo como si nada y comenzó a comer. Cada vez que podía la veía de reojo, pero ella estaba de lo más tranquila, ni me volteaba a ver. Transcurrió todo el almuerzo sin que pasase nada. Al terminar de comer, me levanté de mi silla y dije que iría a hacer una siesta. Recogí mi plato rápidamente y me dirigí a la cocina sin hacer contacto visual con nadie.

Mi estrategia sería sencilla: evitar a toda costa a Katy y pretender que nada había ocurrido. Al entrar a la cocina, puse mi plato en el lavaplatos y escuché "le dejé un regalito en su baño". Volteé y era ella. Nunca en mi vida la había visto tan hermosa como esa vez. Tenía una sonrisa traviesa y no tenía puesta una camiseta sobre su traje de baño, como lo hizo en todo momento hasta antes de descubrirme. Sus pezones estaban duros como una roca y parecía que iban a reventar la tela. Estábamos solos los dos. "No sabe lo que me excitó ver lo que le hizo a mi calzoneta. Por lo visto le encantó mi olor" me dijo con una voz suave mientras se acercaba a mí.

"Quiero que me coja toda y que me deje como dejó esta calzoneta" me dijo mientras se señalaba el traje de baño negro. Yo me quedé paralizado. No pude responder. Tiene que ser un sueño en el que estoy delirando de excitación, pensé. Pero Katy me recordó que todo era muy real. "Tenía años de no tocarme a mí misma, y hoy no me pude resistir" me dijo al oído. "Aquí todo el mundo se duerme temprano. Lo espero en el rancho a las 2 de la mañana para que pueda oler y probar todo lo que quiera de forma directa. Pero para mientras, espero que le guste su regalo", sentenció lanzándome un guiño.

Yo tenía una erección que dejaba en ridículo a la erección que tenía cuando me reencontré con el olor de Katy antes ese día. Yo estaba sin palabras. En eso ella se acercó a mí, volteó a ver a todos lados para asegurarse que no había nadie alrededor y me agarró el pene con su mano derecha. Con el pulgar haciendo movimientos circulares, bruscos pero pausados, me masajeó unas cuantas veces la punta. "Así lo quiero más noche. No diga nada y actúe normal" dijo mientras se volteaba. Yo no podía parar de admirar ese culo redondo y perfecto; estaba hipnotizado.

Entonces, realicé que ella me había dejado algo en el cuarto donde yo dormiría. Cómo hizo para saber que "mi cuarto" estaba en la esquina opuesta del suyo es algo que nunca supe. Corrí como loco al cuarto donde dormiría esa noche y me encerré en el baño. Lo primero que noté al entrar fue mi regalo: la calzoneta color corinto que Katy estaba usando ese día cuando llegamos. Estaba sobre el lavamanos y al revés, esperándome. Cuando la tomé vi que el pedazo donde va la vagina estaba manchado por un fluido viscoso entre blanco y amarillo. El olor era espectacular; tan potente que todo el baño olía a Katy.

Me senté en el inodoro, saqué mi pene, puse la calzoneta sobre mi cara reclinada, y empecé a tocarme como si no hubiera mañana. Como era de esperarse, acabé en cuestión de segundos. Pero no me importó, seguí jugando conmigo mismo mientras me llevaba la calzoneta a la cara. Sin pensarlo lamí todo sin cesar. Si el olor es espectacular e indescriptible, el sabor es lo mejor que me ha pasado en la vida. Sólo con pensar que Katy se masturbó con ese traje de baño y que lo dejó empapado para mí, me hacía acabar inmediatamente. Terminé viniéndome en el piso como tres veces seguidas.

Luego empecé a escuchar que alguien gritaba mi nombre, pero yo quería quedarme allí para siempre rodeado de ese olor que me vuelve loco. Limpié todo como pude y salí. Lo primero que hice fue esconder el traje de baño en mi maleta. Decidí salir para ver a mi musa y apreciar lo que más tarde sería mío. Cada vez que la veía me invadían unas ganas de tenerla completamente desnuda frente a mí para poder hacerle de todo. Mientras analizaba cada detalle de su cuerpo, concluí que mi deseo sexual sería aún mayor si descubría que ella tenía la vagina sin rasurar y las areolas cafés y grandes. El olor y sabor estaban garantizados.

Pasaron las horas, cenamos, y uno por uno se fueron todos a dormir. Yo, en la primera oportunidad que tuve, a eso de las 9 y media de la noche, me despedí de todos para “irme a dormir”. No hice otra cosa que masturbarme con Katy y su calzoneta color corinto. Puse más de 10 alarmas desde la 1 y media hasta las dos de la mañana por si me quedaba dormido. Pero mis ganas de tener a Katy eran tantas que me mantuve despierto todo el tiempo.

Inspirado por algunos videos pornográficos favoritos (en los que alguien se coge a la mamá de su amigo u otra madura) decidí que iba a ser yo quien tomaría el control de la situación. Si Katy me sorprendió en la cocina después del almuerzo, yo la sorprendería el doble. Decidí que le hablaría sucio y que le confesaría que llevaba años queriendo probarla, así como mi fascinación por esa tanga tejida color celeste y ese calzón rojo con blanco con los que tanto ansiaba masturbarme. No iba a guardar absolutamente nada; “sin filtros” me dije a mí mismo. Tenía que demostrarle que era mi musa y que estaba dispuesto a ser su esclavo sexual. Pero al mismo tiempo, decidí que iba a “jugar” con ella; no me iba a lanzar como desesperado hacia su vagina, sino que iba a tomar las cosas con calma para que ella fuese quien me pidiese más. En fin, nada como el poder de una primera buena impresión, pensé.

Salí hacia el rancho a la 1:50. Como había predicho Katy, no había nadie despierto. Estaba todo apagado, a excepción de una luz que alumbraba el camino hacia el rancho. Llegué al rancho y me senté en un sillón a esperarla. Con el celular en la mano esperando a que dieran las 2, mi corazón estaba a punto de explotar. Era la 1:59 am cuando vi una sombra salir de la casa en dirección al rancho.

Sabía que era ella, puesto que memoricé su forma de caminar durante toda la tarde. La vi entrar al rancho y dijo con una voz muy callada, “pensé que no iba a venir”. En ese momento, un ímpetu sexual que nunca había experimentado se apoderó de mí. No dije nada. La tomé de la mano y la llevé al sillón más lejano que había. Ella tenía puesto un pijama muy sexy: un short bastante corto y una camisa de tirantes. Era evidente que no tenía puesto nada debajo, sus pezones grandes la delataban.

Antes de que se sentara en el sillón, la jalé hacia mí para que sintiera la erección que tenía en mis pantalones. “Como me pidió, me la voy a coger toda y la voy a embarrar en semen. Espero que esté preparada para sentir cosas que su esposo jamás le ha hecho sentir” le dije al oído mientras le presentaba a mi lengua. “Que rico, por favor” fue su respuesta.

Nos comenzamos a besar apasionadamente durante unos 5 minutos. En ese tiempo le comencé a sobar las tetas. Ella intentó desvestirse, pero la detuve. “Eso lo hago yo” le dije. Le quité la camisa y vi las mejores tetas que he visto en mi vida. Grandes, naturales, con areolas grandes y cafés. Empecé a replicar el movimiento circular que ella me había hecho en el pene antes ese día usando mis dedos pulgares en sus pezones. Sus tetas eran suavecitas pero sus pezones estaban durísimos. Empezó a gemir. Luego comencé a besarla entre las tetas mientras sostenía cada una con mis manos. Poco a poco, tomaba turnos para besar sus ricos pezones. Comencé a lamerlos detenidamente. “Así, siga así, por favor” me decía. Empecé a morder suavemente y a succionar. Sus respiraciones aumentaron y mientras gemía decía “hmm, que rico, no pare”.

Bajé lentamente mi mano derecha hacia la fuente de mis mayores deseos sexuales. Cuando pasé mi dedo medio sobre su short me di cuenta de que estaba completamente húmedo. Regresé a besarla en la boca y cuando menos sintió, la empujé para que se acostara en el sillón. Me vio sorprendida pero fascinada. Me acerqué a su oído y le susurré, “hace años le robé un calzón cachetero y descubrí el olor más rico y excitante del mundo. Desde ese entonces no hay cosa que desee más que lo que estoy a punto de hacer”. Empecé a besarla en el cuello mientras me dirigía hacia abajo. Sus respiraciones y gemidos incrementaron.

Ella tenía las piernas completamente abiertas. Yo agarré la parte posterior de sus muslos y comencé a besarle el ombligo. Su olor se empezaba a asomar. “Soy toda suya. Hágame lo que quiera” me dijo. Me hice un poco para atrás en un intento de apreciar el panorama y pude ver cómo el short estaba partido por una franja vertical que dividía sus inflamados labios vaginales. Puse mis manos en sus caderas e introduje mis dedos dentro del elástico de su short. Ella levantó un poco su cuerpo para que yo pudiera remover rápidamente ese pedazo de tela que yo quería arrancarle. El olor de Katy se hacía cada vez más presente y yo comencé a excitarme como nunca. Empecé a ver un poco más debajo de su ombligo cuando me dijo “solo le advierto que no me he rasurado en mucho tiempo”. “Mejor”, respondí.

Continuará…

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