Mi primera infidelidad

0
20649
Tiempo de lectura: 6 minutos

La infidelidad es la sazón del matrimonio. Al menos eso es lo que yo creo, después de constatar que tanto hombres como mujeres somos infieles por naturaleza. Otra cosa es que no lo admitamos por toda esa basura emocional que nos inyectan en la mente desde pequeños, con historias de princesas y príncipes azules que viven felices por siempre.

La primera infidelidad la cometí a pocas semanas de haberme casado. Tenía una esposa joven, de buen cuerpo, fogosa, dócil, que sabía que el sexo era la llave para controlar a todo y a todos, con una experiencia a sus escasos 18 años, y a la vez con una inocencia que te hace creer que estás en control.

Mi primo tenía pocos días de haber llegado a la ciudad. Era el típico hombre de negocios que en cada salida veía la oportunidad de ligar a alguien para llevarla a la cama. Mejor aún, si no había quien se animara, siempre tenía la opción de ir a un prostíbulo donde fácilmente solucionaría su calentura.

Así, una de tantas noches me invitó a echar trago, y no teniendo mejor lugar para ir, fuimos a un conocido tugurio en las orillas de la ciudad. El nombre era lo de menos. Era un lupanar de baja categoría en el que sobraban chamacas morenas, flacas y poco agraciadas, pero que a cambio podían hacer realidad tus fantasías por una módica tarifa.

Yo que casi no tomo, solo acompañé a mi primo con la idea de no despreciar la invitación. Después de un par de horas seguro me iría de vuelta a mi casa, donde me esperaba mi esposa siempre dispuesta a satisfacerme y gozar conmigo.

Comenzamos las primeras cervezas, cuando el animador invitó a participar en algo que llamó la rifa de la dama. Sabía que era otra manera de sacarnos el dinero aún si ibas en calidad de mirón. Por lo que más por compromiso que por nada compré un boleto. Más amigos se unieron a la mesa donde más bien gritábamos comentarios sobre las chicas que bailaban en la pista incitando a los clientes para que invitarán una copa a las damas, o mejor aún para luego pedirles un privado.

Cuando miré mi reloj y comencé a ver de que manera me despediría de los cuates, uno de ellos intuyendo mis intenciones me dijo:

Tu cabrón ya estás pensando en ya irte a tu casa para mojar la brocha ¿verdad?

Yo asentí con una sonrisa, orgulloso de que yo no necesitaba pagar por sexo como ellos, la mayoría solteros y sin pareja.

En esas andaba cuando el animador dijo, vamos a ver quien tuvo la suerte de ganar la rifa de la dama, y procedió con la rifa. Cuando gritaron el número de mi boleto, no lo podía creer. Yo tenía el boleto ganador. De inmediato mis amigos comenzaron a celebrar y a decir cuanta suerte tenía yo, que a pesar de tener con quien coger, encima me había ganado a la dama.

De inmediato vi como mi plan original se derrumbaba, y peor aún me llegó la consciencia de que de reclamar mi premio sería mi primera infidelidad a mi querida esposa, la cual encima tenía menos de un mes de haberme casado. Por supuesto que expresar mi rechazo al premio hubiera sido inconcebible así que en plan de cuates a mi primo que fue a quien veía más interesado en tener sexo esa noche, le dije, te doy mi boleto güey! A ti te hace más falta!

Pero de inmediato todos a coro comenzaron a gritar “es puto. Es puto.” Mientras mi primo me decía no cabrón, fue tu suerte así que cobra tu premio para que no te sales.

Las razones no me convencieron mucho, pero en un ambiente tan lleno de hormonas, y pensando en lo ridículo que me vería desperdiciando mi buena suerte, accedí a cobrar mi premio. Más aún cuando se acercó una chica sonriente, como de uno sesenta y cinco, con una sonrisa bonita, y diría yo que feliz, imagino sin ánimo de ser poco modesto, porque yo no estoy tan mal, y muchos de los clientes realmente se veían muy jodidos.

Se me acercó, se sentó en mi pierna, y me dio un beso de piquito.

¿Como estás mi rey? ¿Me invitas una copa?

Obvio que se la invité, y comenzamos a vacilar. Yo por dentro luchando con mi diablito y mi angelito para decidir como intentaría zafarme de esta situación. Yo realmente no quería ser infiel, pero el destino tenía otro plan para mi.

Así que me relajé y dejé que todo fluyera. Luego, llegó el momento de la acción y no me quedó otra que ir con la dama al cuarto donde tendría que cumplir mi parte del premio.

Bueno, ya estaba ahí, a solas con una chica bonita, de piel morena clara, delgada pero bien alimentada, comenzando a desvestirse mientras yo me debatía entre si coger o no. Por supuesto que también tuve el pensamiento que siempre he tenido sobre las prostitutas. Que al final no sabes si tienen una enfermedad y tienes que ponderar eso también.

Cuando se quitaba su vestido, mis dudas se desaparecieron. Me dio tanto morbo verla como se encueraba, que mi fetiche de verla en calzoncitos me ganó. Justo cuando los tomó del resorte, pues usaba un bikini pequeñito de algodón, blanco, la dije:

No te los quites, eso lo hago yo.

Como quieras rey, me contestó.

Comencé a tocarla, y mientras deslizaba mis dedos por su talle, sentí la piel más suave que yo haya tocado. Al mismo un delicioso perfume comenzó a llegar a mi nariz y la docilidad de la chica me confundió totalmente.

Como recordarán quienes leyeron mi post sobre mi primera vez, lo hice con una prostituta de la calle, la cual me trató sin ningún respeto, y me cobró hasta por parpadear. Lo cual me dio una muy mala experiencia. Eso sin contar que me dio cierto asco.

Volviendo a esta segunda vez con una putita, no podía creer su docilidad y disposición. Tocarla fue sublime, subí mis manos hacia sus pechos, los cuales eran redondos, firmes, suaves, con un pezón lindo, y con una simetría que la hacía verse muy apetitosa.

No pude contener mi impulso y le di un leve beso en su hombro, disfrutando la oquedad que se siente en esa parte que se forma por donde está la clavícula. Eso me parece muy erótico y a muchas mujeres les encanta. La fui sintiendo poco a poco. Mis manos fueron bajando hacia sus nalgas, las cuales sentí duras y redondas. Diría yo pequeñas pero hermosas. Metí mi mano derecho bajo su bikini, y sentí su canalillo entre sus cachetes. Luego fui deslizando mis dedos hacia su monte de venus, en donde me esperaba una panochita con unos vellos recortados formando un pequeño triángulo. Creí sentir un poco de humedad en su vagina, y mientras disfrutaba del contacto me sinceré con ella.

¿Sabes? Soy recién casado. Y no me gustaría serle infiel a mi esposa. Vine de cuates acá, y tu estás hermosa. Pero.

Ella me interrumpió. Y me dijo. ¡Caray! ¡¡¡Un fiel!!! Que tierno. No te preocupes. Si quieres vámonos.

No. Le dije. Al rato no me la voy a acabar con las burlas. Mejor vamos a platicar, a ver si me aguanto y no te cojo. Ella sonrió, y me dijo ¿de qué quieres que platiquemos?

Me sentí ridículo, y confieso que también me sentí un pendejo.

Así que comencé a jugar con el resorte de su calzón, y a acariciar su pancita.

La seguí sintiendo en su vulva, mientras acariciaba sus piernas.

Me dijo que parecía pulpo mientras yo me intentaba refrenar para no bajarle su calzón y sentir con mi boca su sexo. Sabía que había una gran posibilidad de que tuviera restos de otro cliente, y eso no me atraía para nada. También temía agarrar una enfermedad y peor aún pasársela a mi esposa. Pero tener enfrente un delicioso pastelito, al alcance de tu boca, y no morderlo es algo muy difícil.

Finalmente le di un beso por encima de su calzón. ¿Sabes? Me estás encantando mucho, y me resulta casi imposible aguantarme las ganas de poseerte.

Ella me dijo. Desde que te vi me gustaste. Por eso te escogí. Y ahora creo que me estás encantando.

Eso lo decidió todo. Bajé con mi boca su calzón, mientras me ayudaba con las manos para bajarlo por completo.

Ahora que lo pienso, realmente le debí haber gustado a la chica, por que años después con otra, me enteré que no les gusta tener contacto de saliva o algún otra secreción, durante su chamba.

Pero ella recibió mis caricias con la lengua, con mucho gusto. Yo aunque dudoso, al primer contacto con mi lengua, percibí que ella estaba limpia, o al menos eso quise creer. Continué con las caricias, mientras disfrutaba de su suavidad. El ruido de la música allá afuera pronto fue desapareciendo, mientras ella comenzó a acariciarme también. Primero mi pelo, luego mi espalda. Fui subiendo mientras hacía un camino de saliva hacia su ombligo. Continué mi camino hasta llegar a uno de sus senos. Descubrir las redondeces de su pecho, la suavidad, su respiración acelerada, sin prisa, solo disfrutando el momento, fue algo lindo.

Subí a su cuello, y recorrí por el hacia su mejilla para finalmente besar su boca. Ya nada me importó. La lujuria y la ternura se mezclaron en mi cabeza y todo lo demás se me olvidó.

Desabroché mi pantalón, y este cayó al suelo, ella buscó librarme de mi playera mientras me daba pequeños besitos en mi pecho. Cada roce de nuestros cuerpos era una caricia. De alguna manera intuía que ella me deseaba, y ese interés y morbo de sentirla me atrapó.

Debo decir que cuando tengo sexo, para mi es muy importante sentir ternura, deseo y amor. Y aún con una sexo servidora, no puedo evitar esa conexión.

Con todo y todo, tonto no soy tampoco. Cuando estaba a punto de penetrarla, me detuve y le dije, ¿tienes un condón? Ella solo estiró su mano y me dio uno.

Me lo puse lo más rápido que pude, y continuamos.

Sentí raro, pues yo ya no usaba condones para cuidarme, y de alguna manera esto me desaceleró un poco. Pero ya estaba en esas, así que la fui penetrando poco a poco.

Continué dándole besitos mientras la penetraba una y otra vez. No había intenciones raras, no había avasallamiento, solo una entrega sencilla pero significativa. En mi mente se formaban de rayo historias en la que esta chica de la cual ni su nombre recuerdo, me hacía sentir que realmente estaba disfrutando el momento.

Esta historia real, no va a terminar con una venida espectacular, ni con gritos de la chica extenuada. Sí fue placentero, pero no me pude venir. Solo disfrutar nuestros cuerpos sin llegar al orgasmo. Ella no pareció tener orgasmo tampoco, y creí inútil preguntarle. Solo puedo decir que tocaron a la puerta, y eso rompió el hechizo. Daban las doce, y la princesa se convertía nuevamente en cenicienta, mientras la interrupción permitió que suspendiéramos el acto sin comentarios incómodos, ni excusas innecesarias.

Solo al estar vistiéndonos, la volví a abrazar, darle un beso en su boca, mientras le daba una última caricia a sus nalgas.

Salimos al bullicio, entre vítores y choques de botellas de cerveza. La chica se tomó una y luego se despidió de mi con un beso mientras yo un poco apenado me despedía de ella mientras volvía el recuerdo de mi esposa, y mi pregunta de que chingados le iba a decir, y sobre todo de como hacerle para darme un baño y que no se me notara el perfume de mujer y el aroma a sexo.

Creo que los astros se alinearon, por que llegué a casa, ella dormía, y no hizo por levantarse, ni hacer preguntas. Yo solo me quité la ropa, y luego como que no quiere la cosa, me di un baño rápido para luego meterme en la cama. Todo volvía a la normalidad.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí